sábado, 11 de diciembre de 2010

Algunas pesadillas no se acaban cuando abrimos los ojos

Frío. En pleno mes de diciembre era lo habitual, y más en aquella prominente montaña. A ella le parecía una temperatura excelente; pero siempre había sido una chica gélida, así que su opinión casi nunca contaba en estos temas. En lo alto del acantilado, el viento le llenaba los pulmones del aire más puro del planeta con tanta velocidad que casi le ahogaba. Abajo, los árboles parecían una red de seguridad hecha de algodón que le invitaba a lanzarse al vacío como si en un parque de atracciones se encontrara. No le faltaban ganas, ni razones para hacerlo; pero estaba tan agusto camuflada en un entorno tan similar a ella, que decidió quedarse a vivir allí. Siguió bordeando el límite del abismo que le reclamaba su alma. Pisaba con sumo cuidado temiendo romper la magia de aquel hermoso lugar, de esa bella prolongación de su ser. El horizonte simulaba un escalón para ascender a las nubes, y de ahí al cielo. Le ofrecía un ápice de imaginación con el fin de volverle a transportar al mundo de sus sueños que tan abandonado había dejado en ese último año. A la derecha, un pequeño pueblo lucía vivos colores a través del manto de niebla que amenazaba con sumergirla en el olvido durante unos instantes. Se acercaba la Navidad. Su abuela solía desplazarse a la ciudad para pasarla junto a sus padres, su hermano Peter y ella. Esta vez había sido la chica de hielo la que había acudido al amparo de la tranquila casa de Geraldine, su abuela. El piso de la gran metrópoli estaba a la venta. Ya no soportaba dormir bajo ese techo, no después de todo lo ocurrido. Lágrimas brotaron como manantiales refrescándole no sólo por fuera, sino también recorriendo cada célula de su desgarrado corazón. Comenzaba a anochecer y sabía que le esperaba una pequeña reprimenda de Geraldine al llegar a casa. "Te tengo dicho que no salgas con este tiempo. Si te pilla una tormenta podrías perderte y a mi edad no estoy hecha a prueba de tantos disgustos, hija mía. Hazlo por mí aunque sea..." le repetía una y otra vez. No lo entendía, no comprendía que necesitaba esos momentos de soledad mirando a la nada mientras el furioso viento le abofeteaba sin tregua. Tenía que sacar su corazón quebrado a pasear para congelar sus trozos cual agua de río y así, asegurarse de que por la noche se mantendrían intactos cuando su subconsciente le traicionara como cada vez que se adentraba en la profunda oscuridad de su interior. "¡Tú les mataste! No llorás de tristeza, lloras porque sabes que fue tu maldita culpa". Nunca debió pronunciar aquellas palabras, y las consecuencias le impedían descansar a la hora de acostarse. Peter era tres años menor que ella y siempre habían sido uña y carne, hasta que se quedó dormido al volante tras una noche de borrachera cuando llevaba a sus padres del aeropuerto a casa. Ella estuvo estudiando hasta el amanecer para un examen de anatomía que debía realizar al día siguiente en la facultad de medicina. El cansancio le jugó una mala pasada a su hermano y el hielo de la calzada no ayudó en la delicada situación. Una valla de protección atravesó a sus padres haciéndoles partir en el acto. Peter tuvo mucha paciencia con su hermana tras el accidente del que milagrosamente salió ileso, pero ella nunca le perdonó su falta de responsabilidad. Las discusiones eran cada vez peores y su falta de sensibilidad empujó a su hermano a llenar la bañera con el rojo intenso de su vida. Ahora era ella la que estaba hundida por la culpabilidad. Dejó de ser la chica alegre de siempre para limitarse simplemente a existir. Ya no le quedaba nada a lo que aferrarse, ni si quiera su abuela era un firme amarre. Pronto faltaría y, a pesar de tener la cicatriz de la operación de apendicitis curada, no tendría tiempo de cicatrizar otras heridas incorpóreas, pero mucho más agudas. El dolor se hacía completamente insoportable. Puede que tras un período aún indefinido aprendiera a vivir con esa tortura. Puede que en el momento oportuno alguna extraña fuerza de la naturaleza le devolviera todo lo que la vida le había arrebatado. Puede que no. Puede que esas cosas sólo pasaran en las películas, pero una frágil e indefensa esperanza de felicidad florecía sin que ella se percatara si quiera.


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Fruto de un viaje de 9 horas contemplando un continuo y precioso paisaje nevado.
9 horas que merecieron la pena no sólo por la ráfaga de inspiración que creía que me había desaparecido, sino porque pasé 6 días geniales con 3 de mis pequeñitas.


He puesto también una encuesta arriba a la derecha para que opinéis sobre lo que escribo, ya que no sé si os gusta o no y tengo curiosidad.
Gracias por los votos.
Un saludo :)

miércoles, 24 de noviembre de 2010

Recuérdame

Gandhi dijo que todo lo que hagas en la vida será insignificante, pero es muy importante que lo hagas. Yo estoy de acuerdo con la primera parte. Michael, tú sabes a qué día me enfrento.

Con veintidós años Gandhi ya tenía tres hijos, Mozart había compuesto treinta sinfonías y Buddy Holly ya había muerto. 

Una vez dijiste: "Nuestras huellas dactilares no se borran de las vidas que tocamos". ¿Eso es cierto para todos o sólo era una chorrada poética?

sábado, 30 de octubre de 2010

Amor y otros desastres

- Jacks, ¿te has planteado que eso del amor verdadero puede ser una conspiración?

- ¿Una conspiración?

- Sí, una conspiración capitalista, una mentira urdida por las industrias del cine, la publicidad y la música. Todos vendiéndonos humo, un concepto que ni si quiera existe.

- ¿Que el amor verdadero no existe?

- Piénsalo bien. ¿Dónde está si no es en canciones, libros y películas? ¿Quién puede decir sinceramente “siempre te querré”?

- Whitney Houston.

- Sí, cuando va de crack. La cuestión es que la gente se deprime porque busca esa cosa inexistente o lo hace igualmente porque cree que se ha conformado con menos.


martes, 5 de octubre de 2010

No temas, estoy aquí.

De madrugada la luna se escapa de una larga muralla de nubes que resplandecen a su paso. Unos metros más allá está ella. Melena larga, ojos como el cristalino mar, figura esbelta y unas hermosas piernas que asoman bajo su vestido negro de encaje. Su adorable rostro de muñequita de porcelana no se corresponde con su carácter. Pero es entrañablemente testaruda, quizá sea esa agridulce mezcla lo que me atrae tanto de ella. ¡Mierda, casi me ve! Ha faltado poco. Cualquiera que me vea acechándola pensaría que soy un psicópata. Vivo a dos manzanas de su casa y no soy capaz de acompañarla hasta la puerta. Suena estúpido hasta en mi cabeza... Me conformo con saber que llega sana y salva, aunque puede que nunca sepa que velo por su seguridad. No sé de qué tengo tanto miedo. Somos amigos de toda la vida, no debería resultar tan extraño. Esto es nuevo para mí. A lo mejor sólo es un capricho... No, no lo es. ¿A quién intentas engañar? No escucha lo que pienso, es inútil mentirse a sí mismo. Tengo que decírselo antes de que sea tarde. Está inquieta, mira mucho hacia atrás... ¿Qué hago, qué hago? ¡Ya sé! Tiraré una moneda. Cara, voy. Cruz, me doy la vuelta. Vale, es oficial: soy un completo inepto.

***

Hace una noche estupenda, aunque ha refrescado mucho. Debí haberme puesto unas medias, ya no estamos en verano. Parezco mi madre cuando hablo así. Menos mal que no tengo que reconocerlo delante de ella, sino en cada sermón de los suyos tendría que aguantarla cacareando una hora sobre las veces que le daré la razón cuando sea más mayor. Como si no fuera capaz de aprender de mis errores por mí misma... ¡me altera! No quiero saber qué me diría si supiera que vuelvo sola durante todo el trayecto. "Te tengo dicho que llames a tu padre para que vaya a buscarte, bla, bla, bla..." Sí, claro. Como si levantarse de la cama a las tantas para recoger a tu hija tras una noche de borrachera fuera agradable. Aunque odio caminar con tanto silencio, siempre tengo la sensación de que alguien me sigue. Les diré que me ha acompañado Josh, así se quedarán más tranquilos. Podría decirle algún día de una vez por todas que me da miedo este camino por la noche, pero no quiero que piense que lo digo con otras intenciones. Al menos no hasta tener claro qué es lo que siento. Todo iba genial cuando sólo le veía como un amigo más. ¿Y ahora qué? ¿Cómo voy a resistirme a esos cálidos ojos verdes y a ese suave pelo negro? Ya empiezo otra vez... Debería estar prohibido hablar con uno mismo a altas horas. Ya lo decían en aquella serie, no pasa nada bueno a partir de las dos de la mañana. Era algo así. ¿Qué ha sido eso? ¿Una moneda?

miércoles, 15 de septiembre de 2010

¿Fortuna o maldición?

¿Nunca te has planteado cómo sería el mundo si no existiera ni si quiera el concepto de dinero? Imagina una sociedad en la que cada individuo tuviera un lugar específico en la pirámide del empleo guiado única y exclusivamente por su verdadera vocación. Una sociedad en la que el panadero hornee la masa de levadura sin pedir nada a cambio, el electricista arregle tus instalaciones solo para que funcionen bien, el médico te cure por la satisfacción de verte saludable y el profesor te enseñe hasta que sepas lo mismo que él. Casi parece imposible, ¿verdad? Puede que hace siglos existiera una comunidad así, pero el ser humano es extremadamente egoísta. El dinero corrompe el alma. Una guerra nunca empieza si no es por petróleo, un mineral que valga millones o algo similar que implique grandes beneficios. La gente roba o, lo que es peor, mata por dinero. La inmensa mayoría no ve riqueza más allá de un puñado de billetes de colores. Yo veo riqueza en las personas, en su misterio, su mirada, su sonrisa, sus lágrimas, su esfuerzo, su valentía, su corazón y me corroe ser una víctima más del capitalismo. Pero no puedo luchar sola, ni si quiera contra mi propia ambición.

lunes, 23 de agosto de 2010

Lunes, otra vez.

Al igual que todos los comienzos de semana, le costaba horrores deshacerse del revoltijo de sábanas que le envolvían con delicadeza en sus álgidas noches. La casa seguía vacía y solo ella perturbaba el silencio sepulcral que dominaba su humilde morada. Le asustaba encontrarse a solas con sus pensamientos, que hervían a fuego lento. Su bombay, camuflado con la penumbra de la habitación, apareció maullando alrededor de su tobillo. Se agachó ligeramente para acariciarlo cuando un fuerte ruido irrumpió en la escena. Provenía del salón. Era la típica secuencia de suspense de las películas de terror. Chica soltera que vive sola con su gato, presa fácil. Solo que ella no tenía un gato, sino dos. Su travieso pixie bob era más curioso, si cabe, de lo normal. Había roto la figura de la Torre Eiffel que compraron en París en aquella escapada romántica. Su mirada parecía decirle que no había sido una trastada, sino un favor para que dejara de recordarle. Puede que tuviera razón. Al fin y al cabo, ellos habían sido sus únicos compañeros de piso desde que se marchó de casa por amor. ¿Quién iba a conocerle mejor? Su madre. 'No seas tonta, si lo dejas todo por él te arrepentirás. Hazme caso...' Pero nunca lo hacía, y odiaba tener casi la obligación de reconocer que estaba en lo cierto. Un tono, dos tonos, tres...
- Mamá, vuelvo a casa.
No hubo ningún 'te lo dije', ni cualquier otro juego de palabras que pudieran hacerle sentir peor de lo que ya se encontraba.
- Tu habitación sigue tal y como la dejaste. Quédate lo que quieras, es tu casa también.

miércoles, 18 de agosto de 2010

Despedidas

Ese día, a esa hora, en aquel lugar. No sé si será un hasta luego o un punto y final. Puede que simplemente se trate de un punto y aparte demasiado largo, y los 'demasiado' nunca me han gustado. Me ponen nerviosa por el mero hecho de no saber con exactitud su duración. Y no, nadie lo sabe, nadie me puede asegurar un: 'Tranquila, mañana estará aquí contigo.' Pero ahora ya me sé la lección que me aconseja que viva solo el presente y que lo exprima como si cada una de sus sabrosas gotas fueran el zumo más valioso que jamás podré comprar. Y lo hago, disfruto como nunca lo he hecho. Mas nada es eterno. Todo tiene su precio, una consecuencia. Cada vez que toco el cielo y sonrío sin apenas darme cuenta de la felicidad que me invade, me duelen más las despedidas. Separaciones que no llevan ese nombre adjudicado porque mis esperanzadas neuronas me hacen reavivar el fuego de la ilusión por un próximo encuentro que no llega, pero que llegará con el tiempo. En la espera el tic-tac me martillea el tímpano sin cesar. Ni una sola tregua. Entonces es cuando me asaltan los recuerdos a mitad de camino entre la noche y el día. Vuelvo a sentir ese nerviosismo en el estómago como cada vez que le veo acercándose, oigo su voz, huelo su aroma o siento la ternura de sus abrazos que tanto echo en falta. Mis párpados anclados luchan frente al sueño en una pelea que solo el cansancio puede vencer, y caigo rendida contra mis sentimientos. Sin saber cómo, me encuentro en medio de la multitud del aeropuerto rastreando el avión que me devuelva la parte de mí que se ha perdido con él en algún recóndito rincón de Londres. Y me dejo llevar... una vez más.

martes, 10 de agosto de 2010

Jaque

El miedo me paraliza, las dudas nublan mi mente, el frío me congela, el temblor de mi cuerpo alborota mis pensamientos, el cemento sella mis labios, mis pestañas se humedecen ligeramente, las lágrimas no me dejan ver con claridad, el galopar de mi corazón intercepta el sonido de tu voz, la oscuridad obstaculiza mi búsqueda, los escombros entorpecen mi huída, la inquietud punza mis nervios, la culpa frustra mi ego, la realidad me abofetea casi cada mañana, la suerte resbala entre mis manos, la desesperación entrecorta mi aliento, la presión entumece mis músculos, las responsabilidades me asfixian, los esfuerzos son infravalorados, la vida me echa un pulso, las fuerzas flaquean...

martes, 27 de julio de 2010

Aquella noche...

Volvimos a encontrarnos, como la primera vez, bajo el amparo de un cielo estrellado. Ambos habíamos cambiado mucho, pero eso no nos impidió reconocer el brillo de nuestros ojos hablándose al unísono. Tus labios no tardaron en buscar los míos y ellos, perezosos, se dejaron atrapar sin oponer resistencia a lo que llevaban tiempo ansiando. Era tarde, pero no para nosotros. Jóvenes amantes de la luna que sólo se separan al alba. Y escondida en tu cama, en algún lugar entre las sábanas y el cobijo de tus brazos, nada podía robarme la seguridad que me regalabas con tu incandescencia. Tus manos ágiles recorrían mi cuerpo desnudo deteniéndose un rato donde se unen mis muslos y allí, en el abismo de mi acogedora caverna, desataban profundas y agitadas exhalaciones. Las mías, al compás de las tuyas, te obligaban a espirar tu cálido aliento creando en la habitación una complaciente corriente de aire que contaba, divertida, una historia más al viento. Y nuestra saliva, envidiosa, refrescaba nuestra piel a su antojo haciendo vibrar cada célula de nuestro ser. Y entre una ráfaga de besos apasionados y una marea de besos lentos, que tanto me gustan saborear, nos convertimos en un solo corazón desbocado. Aquella noche no hubo sexo para mí, tan solo suspiros de infinita ternura. Y ya no tuve miedo porque dormías conmigo, abrazándome con fuerza para que los recelosos rayos de sol, que se asomaban tímidos, no pudieran separarme de ti una vez más.

martes, 20 de julio de 2010

Nubes y claros.

Ayer vi paseando un corazón lánguido. Dejaba rastros tras sus pasos vacilantes, se estaba degradando. Nubarrones de un gris oscuro le acechaban con amenazas de tormenta, pero él parecía sumido en una burbuja, ajeno a todo lo que le rodeaba. Titubeante y taciturno proseguía lentamente con la mirada cabizbaja de quien ha perdido la esperanza. Los corazones que se cruzaban en su camino cambiaban la expresión tranquila de sus rostros por otra de lástima, como si se hubieran adentrado en un campo maldito atraídos por su magnetismo. La pobre ambigüedad les prohibía tomar partido en este juego ajeno a sus vidas. Mi percepción de la escena comenzaba a tornarse borrosa por culpa de una lluvia un poco traviesa que se negaba a reprimir sus ganas de salir a la calle. A modo de escudo, mis nervios ópticos ordenaron al cristalino que se acomodara enfocando un poco más allá, a lo lejos. Entre las nubes vislumbré un claro que iluminaba a otro corazón. Como un guerrero altruísta se iba abriendo paso con el optimismo de un día despejado que sólo parecía acompañarle a él. Sacó una frágil rosa envuelta en un frasco helado que le entregó al triste corazón. Sin ton ni son, la masa de vapor de agua que levitaba sobre él se esfumó dejando paso al abrigo del calor, derritiendo el hielo y devolviéndole la ansiada vitalidad a esa rosa, y a sí mismo también. Mi semblante repleto de asombro se duplicó cuando aquel filántropo me obsequió con el mismo presente. Una cuerda alrededor de la boquilla del recipiente, que ya refrescaba mis manos, sostenía una tarjeta donde se debaja leer un contundente 'SMILE'. - ¡Espere! - grité instintivamente. - ¿Quién es usted?
Le hice girarse 180º, pero su aspecto seguía sin perturbarse. Continuaba enseñando sus deslumbrantes dientes como si no supiera adoptar otro gesto.
- Soy el guardián del buen humor - me explicó-. Regalo 350g de nubes de algodón para ahuyentar a las de agua, 280g de corazones azucarados para endulzar el día, 200g de caramelos soleados capaces de transformar las gélidas noches en reconfortantes y cálidas sombras, 150g de un amplio surtido de sonrisas contagiosas, unos 80g más de saludables arrugas en un futuro relativamente lejano y una rosa azul que hace las veces de llave para nuevas oportunidades.

- No es posible. ¿Dónde está el truco?
Mi desconfianza tampoco crispó su abundante alegría, no debía ser la primera recelosa con la que se había topado en sus largas y agradables horas de trabajo.

- Sin trucos, no soy mago. Sólo tienes que asegurarte de que abres las puertas idóneas con tu nueva llave maestra.

Fueron sus últimas palabras antes de guiñarme uno de sus cristalinos ojos. Bajé la mirada para observar la delicada flor y, cuando me dispuse a elevarla de nuevo, no quedaba ni rastro del misterioso guardián en la transitada travesía.

viernes, 16 de julio de 2010

Sueños

No suelo escuchar sus canciones, pero en menos de un minuto, Shinoflow, me ha dejado obnubilada con este precioso fragmento.



"¿Qué ocurre cuando una persona te cuenta que ha soñado contigo el mismo día que tú has soñado con ella? Quizás no deba considerarse un sueño porque ha existido más allá de los límites de nuestra cabeza, ha casi rozado la realidad desdibujándose un poco antes de que abriéramos los ojos. No sé, a veces no me atrevo a decirle a alguien que he soñado con él o ella. Pero quizás se esté callando lo mismo y haya sido el travieso comité de los sueños siameses el que, en el momento de perder la noción de la razón y a través de un estudio molecular de nuestros deseos, ha sintonizado a la vez un mismo sueño para dos personas que tímidamente sueñan lo que no se atreven a confesar."

jueves, 15 de julio de 2010

“Perdono, pero no olvido.”

Lo he dicho tantas veces... Pero hasta que no lo escuché en boca de otra persona, no comprendí que eso en realidad no es perdonar. Si te niegas a intentar olvidar todo el daño que te han hecho por mínimo que sea, si no intentas guardarlo bajo llave en un rincón de tu mente, siempre te quedará ese rencor dentro. Perdonar te libera, pero olvidar te cura. Lo único que ganas recordando es hacerte más daño si cabe. Es como un lastre que tira de ti, que te impide seguir. Aunque hay ocasiones en que la traición es tal que, incluso con el paso de los años, te sigue doliendo y aún más si tienes la desgarradora seguridad de que ese sujeto te lo volvería a hacer una y otra vez sin pudor alguno. Creo que el perdón y el olvido deben ir de la mano, siempre y cuando esa persona merezca realmente la pena.

sábado, 10 de julio de 2010

Sin riesgo, no hay recompensa.

Pero ¿qué hay cuando cada vez que saltas al vacío pierdes todo lo que has invertido en ello? Nada. Es como cuando te despiertas en la cama después de una noche de pesadillas sin tregua y, por el motivo que sea, no puedes volver a conciliar el sueño. Una mezcla de decepción y frustración. Son las ganas de crear una máquina del tiempo para reescribir tu vida con la certeza de no volver a cometer ese error. No obstante, olvidamos que si no es ese, mañana será otro; y, como por arte de magia, nos vemos en medio de un círculo vicioso del que no podemos salir. Así que supongo que lo único que nos queda es continuar. De la misma forma en que un bebé aprende a caminar. Sus piernas flojean. Se cae una y otra vez. Sin embargo, eso no le impide levantarse y dar al fin sus primeros pasos en un camino que será con el tiempo más y más difícil. Yo sé andar. Y tú también. ¿Por qué entonces no vamos a poder ponernos en pie de nuevo? No encuentro una razón convincente. A pesar de todo, sigo escondida entre las sábanas negándome a abrir los ojos, evitando participar en este cruce de destinos que llamamos vida.

jueves, 8 de julio de 2010

La felicidad es lo que tú decidas que sea.

Dicen que hay que tocar fondo para apreciar la vida... Quizá lo haya tocado alguna vez y por eso baño mis pensamientos de optimismo, porque sé que todos los buenos momentos compensan todo lo malo vivido. No hay nada comparado con esas ocasiones en las que te ríes tanto que crees incluso correr el riesgo de orinarte en los pantalones. Nada comparado con quedarte sentada en una roca al borde de un acantilado con los pies colgando hacia el mar, disfrutando del rugir de las olas mientras se pone el sol y comienzas a sentir el frescor del anochecer. Nada como que se te caigan las lágrimas de alegría por haber conseguido alcanzar tu sueño más preciado. Nada como sentir el viento acariciando tu piel, nada como las gotas de agua recorriendo cada rincón de tu cuerpo. Nada como un abrazo, un beso, una mirada de complicidad, una sonrisa dirigida sólo a ti. Nada como sentirte querida y querer a los demás. Nada como crecer día a día, madurar, amueblar las bases de tu personalidad. Nada como vivir.

miércoles, 7 de julio de 2010

Torbellinos de madrugada.

Gente. Mucha gente. Voces ahogadas por el estrepitoso volumen de la música. En medio de la multitud, yo. Giro la cabeza y ahí estás tú. Te miro. Me miras. Y por un pequeño instante, que a mí se me antoja eterno, siento que sólo existimos los dos. Me asusto. Aparto la mirada y sonrío azorada mientras intento que los ritmos abstractos que envuelven la estancia también absorban mi cuerpo. Pero recaigo en tus redes como recaen en la droga quienes se desintoxican. Nuestro cruce silencioso se repite con mayor intensidad y menor espacio de tiempo. Tiras de mí sin siquiera tocarme. Resisto, pero tú no. Y al acercarte haces que mi frágil corazón se altere. Llegas. Te aproximas impregnándome el aroma que emana de ti. Tu voz, cálida y segura. Tu aliento, aún más cálido, eriza el bello de mi nuca provocando una reacción en cadena que cesa en la punta de mis extremidades. Te vas y el miedo me impide levar el ancla que me retiene. Algunos lo llaman amor. A primera vista, pero siempre amor. Se me ha olvidado lo que esa palabra significa, pero recuerdo el dolor. Esa espina que agrieta la válvula que mantiene constante el flujo de mi amargo zumo de uvas. El culpable de que en algún momento se rompa en mil pedazos y tarde lo que a mí me parecen siglos en repararse. Y mis párpados descienden apagando la luz y otorgando un breve descanso a mis agotados ojos verdes. Y me transporto. Allí donde sólo yo tengo el control. Donde nadie puede dañarme. Donde puedo estampar una tarta en el rostro de un dependiente y marcharme corriendo sin pagar y sin pensar en las consecuencias. Donde puedo acudir al despacho de la profesora que más odio y escupirle insultos mientras vacío sus cajones, uso sus hojas a modo de confeti y echo abajo estanterías repletas de libros. Donde tengo un armario como el de Carrie Bradshaw y una nevera como la del anuncio de Heineken. Donde sólo llueve cuando ya no soporto el calor abrasador del sol. Donde puedo ser LIBRE.