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jueves, 29 de enero de 2015

Las piezas de tu vida.

Si todos los puzzles que tuviéramos que resolver fueran como esos que hacíamos de pequeños, y no tan pequeños, la vida resultaría más fácil.  

Por ejemplo, imagina que cuando decides tener una relación nos dieran de regalo nuestro propio puzzle y el del chico en cuestión. Si al resolverlo todo encaja será el hombre de nuestra vida. Si no sucede eso y las piezas son un rompecabezas imposible de resolver, a otra cosa mariposa. Et voilà! Vida resuelta en cuestión de minutos. Para qué perder el tiempo, ¿no? 

En la vida real esto no pasa, como ya habréis comprobado. Tu puzzle ahora es de 1500 piezas y dentro de un año será de 12750 con una forma totalmente distinta. Lo mismo pasa con el resto de personas que nos rodean, aunque a algunos les cueste más o menos cultivar su puzzle, y encajar esas piezas en constante evolución puede llegar a ser frustrante.  

Hoy puede que busquemos una persona que nos haga reír, mañana necesitaremos también un poco de conversación y comprensión. Tener hobbies en común con tu pareja es importante hasta que descubres que tus planes de vida no son ni por asomo los suyos. Cada vez más exigencias que tal vez ni nosotros cumplamos, pero el caso es pedir y buscar la inexistente perfección.  

¿Y lo de opinar sobre relaciones ajenas? Nos encanta. Creo que no conozco a nadie que no lo haya hecho. Muchas veces ni si quiera sabemos si lo que decimos es cierto y aún así, es tal nuestra convicción, que hasta nos lo creemos. 

La paciencia también brilla por su ausencia y es que no hay margen que valga para dejar que alguien enmiende su error, en seguida todo se vuelve imperdonable, en seguida se tiende a escapar de las dificultades. Ya no sólo en el ámbito amoroso.
 
Así es el mundo bajo mis ojos. Nos sobran comodidades, así que se nos ha olvidado que hay cosas en la vida que requieren esfuerzo y tiempo. Nos han enseñado que existe la libertad de expresión, pero no te dan lecciones sobre cuándo debes cerrar la bocaza. Y así nos va. 

No me gusta el planeta en el que vivo por muchas razones, pero no puedo pedir peras al olmo... Así que crearé mi propio camino sobre la marcha, escucharé lo justo y necesario, callaré lo que sigues creyendo que no sé y lo que capten mis oídos de aquí en adelante y trataré de ser la mejor versión de mi en la medida de lo posible. Lo que hagan los demás con su camino, no me corresponde a mí decidirlo. 




                                                                               *                              *                              *




Pensé en abrir el 2015 escribiendo lo típico sobre un balance del año que se iba y los propósitos de año nuevo más pobres y más sinceros que he me hecho desde hace muuuuucho tiempo, pero me daba una pereza descomunal así que opto por esta reflexión que escribí meses atrás y que no me decidía a publicar. Tal vez cuando acabe el año os cuente lo que aprenda de la vida en su transcurso, lo leáis o no. Se quedará aquí plasmado, para que quede constancia de que existí en algún momento y en algún lugar, o para que se desmorone con el resto de contenidos de la red cuando nos invada un apocalipsis zombi o acabemos de destrozar la Tierra sin descubrir la manera de salvar a la humanidad a lo Interstellar. Por el momento estoy aprendiendo a vivir sin el cacao y sin la cafeína, puesto que soy intolerante desde hace apenas dos semanas. Me he dado cuenta de que comía chocolate más a menudo de lo que creía... Pero podía haber sido peor. Podían haberme quitado la cerveza y haber perdido la cabeza a lo Homer Simpson. Además, que me lleven a la uni tarta de manzana y galletas riquísimas para que no eche de menos esos pequeños manjares que por ahora no puedo tomar ayuda muy mucho, así que gracias chicos :) 


Dicho sea esto...
Feliz 2015. 

(Aún no ha llegado San Valentín, así que no es tarde. Puedo felicitaros el año, ¿vale? Dejadme.)



Un saludo, pequeñas criaturas terrícolas.


jueves, 13 de junio de 2013

Carta al pasado.

Querido dueño de mi corazón, 
No sé si lo tendrás para siempre o el tiempo borrará tu nombre. Tampoco sé por qué te escribo si ya no puedes leerlo. Sé que es absurdo, pero siento que debo. 
Cuando recibí la noticia no me lo creí, ni si quiera fui consciente de ello en el precioso entierro que organizó tu familia. Tengo que reconocer que te odié. Me dejaste de una forma tan cruel... Sin avisar. ¿Quién se va sin avisar? ¿Cómo pudiste hacerlo? Sé que tengo mal carácter y que no te hubiera resultado fácil despedirte, pero aún duele. Aún lloro y créeme cuando te digo que si abro el grifo sólo el cansancio es capaz de cerrarlo. Sólo gastando toda mi energía consigo calmar el dolor. 
Echaré tanto de menos tus carcajadas cuando me hacías rabiar o cuando me asustabas en el coche para que saliera de mis pensamientos, tus abrazos, tu mirada, tus "Siempre" como respuesta a mis "¿Me quieres?", la forma en que me inmovilizabas para que no escapara de tus labios... ¿Qué voy a hacer sin todo eso? 
No he vuelto a ser la misma desde que te fuiste y sospecho que no volveré a querer con esa intensidad. Temo que la vida me vuelva a castigar así, arrebatándome el futuro que quería compartir contigo. Ya éramos uno, no lo entiendo. ¿Por qué nos tuvo que tocar a nosotros? 
Confieso que tenía dudas sobre nuestra relación. A ambos nos costaba implicarnos al 100%, aunque creo que ya estábamos entregados el uno al otro sin saberlo. Cuando yo me alejaba, tú me cogías de la mano para retenerme y viceversa. Hoy pienso que era la unión perfecta. ¿Entiendes ahora mi enfado? He perdido lo mejor que he tenido.  
Éramos tan felices que apenas tenemos fotos juntos y, me preocupa que mi mente me juegue una mala pasada llevándose también todos nuestros momentos. De momento me aferraré a ellos con la fortaleza con la que se agarra un naufrago a su salvavidas. 
Me hubiera encantado recordar para siempre el último "te quiero". Nos lo decíamos tan poco que lo tengo borroso... pero no te pongas triste, sé que nos queríamos. No me hacía falta escucharlo cada día, a pesar de que no pueda evitar añorar nuestra inexistente despedida. A veces me he imaginado la escena: yo rogándote entre lágrimas que no me abandones y tú con la tez fría pidiéndome una última sonrisa. 
Lucharé por aprender a seguir sin ti, de verdad, aunque desearía no haber tenido que hacerlo.
Con amor
... los fragmentos de mi corazón.
*  *  *

Afortunadamente esta carta es solamente el fruto de una pesadilla que os cuento para que nunca, bajo ningún concepto, se haga realidad. Aprovecho para dar las gracias a los que siguen creyendo que tengo talento y bienvenidos sean los que están por llegar.





miércoles, 21 de septiembre de 2011

Y, sin pensar en el paraíso, creo que nunca he dejado de estar en él...

Tic-tac. Tic-tac. Mi vida no se mide en un cúmulo de horas, minutos y segundos. Ese tímido sonido que apenas se deja oír emana de un reloj peculiar que se esconde asustado en algún lugar del corazón. Nunca sé desde qué célula susurra, sólo se que lo hace cuando se agota mi dosis de ti. Así es como llevo la cuenta de mis días. Empiezan cuando te veo y acaban cuando te vas. Lo demás es algo tan pasajero que ni si quiera permito que ocupe tu lugar en mi calendario. A veces, cuando los susurros se convierten en grititos acelerados y nerviosos, temo que los oigas y me alejo del cobijo de tu abrazo para retrasar un reencuentro que hasta mi cronógrafo ansía. Tú pareces perdido en el horizonte de mis ojos cristalinos que se atisban más brillantes reflejados en los tuyos que en la imagen de los míos. Con cautela, tus manos juguetean enredándose en mi ropa la cual, ágil, entorpece tu camino hacia nuestra tan visitada Avenida Lujuria, en la 3 con la 15 de la Calle del Deseo hasta llegar a aquel edificio nuevo que han llamado Frenesí, donde me borras el carmín a besos como cada anochecer. A veces entregados en un salvaje vaivén, otras sumidos en un tierno y lento viaje; pero siempre con el placer como único destino. No importa lo que tardemos en llegar; al fin y al cabo, el tiempo se evapora, el tiempo no existe sin recuerdos etiquetados.




********



Hacía tiempo que no publicaba nada escrito por mí y es que me cuesta mucho últimamente. Me he acostumbrado tanto a pisar sobre tierra firme que casi se me ha olvidado lo que es dejar volar mi imaginación para que salgan cosas como ésta. Espero que os haya gustado.

sábado, 10 de septiembre de 2011

Pablo Neruda

Me gustas cuando callas porque estás como ausente,
y me oyes desde lejos, y mi voz no te toca.
Parece que los ojos se te hubieran volado
y parece que un beso te cerrara la boca.

Como todas las cosas están llenas de mi alma
emerges de las cosas, llenas del alma mía.
Mariposa de sueño, te pareces a mi alma,
y te pareces a la palabra melancolía.

Me gustas cuando callas y estás como distante.
Y estás como quejándote, mariposa en arrullo.
Y me oyes desde lejos, y mi voz no te alcanza:
déjame que me calle con el silencio tuyo.

Déjame que te hable también con tu silencio
claro como una lámpara, simple como un anillo.
Eres como la noche, callada y constelada.
Tu silencio es de estrella, tan lejano y sencillo.

Me gustas cuando callas porque estás como ausente.
Distante y dolorosa como si hubieras muerto.
Una palabra entonces, una sonrisa bastan.
Y estoy alegre, alegre de que no sea cierto.

martes, 21 de junio de 2011

Vísteme despacio, que tengo prisa.

Florece, como los árboles en primavera. No sé muy bien dónde está el comienzo, ni mucho menos si existirá un final. No me importa que odies mis malos humores, ni mis pequeñas rabietas de esas que crees que surgen de incomprensibles incógnitas, si luego me sigues queriendo y me atraviesas con esa mirada que grita en silencio un angustiado 'qué haría sin ti ahora que te he encontrado'.

Los caracoles van a su ritmo y tú, al suyo. Yo, sin embargo, estoy kilómetros por delante siempre impaciente, siempre con prisas volviendo sobre mis pasos para que no te pierdas. Puede que en realidad retroceda para no perderme yo al tomar un camino que nos separe. No sé si me costaría mucho o poco olvidar que algún día caminamos juntos. Creo que pienso más en lo que me aterrorizaría que tú me olvidaras, porque el viceversa se me antoja inverosímil.

La oscuridad me hace temblar y no de frío. Es extraño temer la sensación de percibir que las sombras te mantienen presa en el mundo ideal de los sueños que, a veces, se torna infernal. Sólo transportándote a mi cama y acariciando tus brazos mientras me protegen encuentro la cura para mis largos paseos nocturnos que transitan mi habitual lecho de lado a lado una y otra vez.

Nadie es perfecto, aunque te enamores. Quizá sea el motivo por el que es tan bonito quererse, porque hasta los detalles más imperfectos te enganchan. Nunca me ha gustado sentirme atada, ni sentir que mi felicidad depende de otra persona y, a pesar de todo, no puedo evitar que mi corazón sea el tuyo, que el tuyo sea el mío.

El viento me sigue guiando en sus infinitos impulsos de libertad, de estar aquí y allí, contigo y sin ti. Por eso habla, calla, ríe, llora, vuela, pero no me sueltes.

lunes, 11 de abril de 2011

Efímero

A veces nada te alegra tanto el día como un abrazo. Mirarte y creer ver un brillo especial en tus ojos. Introducirse en la oscuridad de tus pupilas, llegar donde quizá nadie haya puesto un pie y conquistar esa zona hostil como Neil Armstrong la luna aquel 21 de julio de 1969. Tal vez sólo haya sido un simple espejismo creado por esa extraña ilusión de la que vivimos los humanos. Hoy no veo nada de eso por ninguna parte. A lo mejor es ese el problema, que tengo que imaginarme qué pasa en tu cabeza. He intentado buscarlo, no te creas que me doy por vencida tan pronto. Pero sólo he encontrado un hasta luego, un 'luego' tan indefinido que casi me desgarra. Suerte que he abierto los ojos sobresaltada mientras agarraba mi tripa con fuerza tratando de evitar en vano que alguien se abriera paso a través de mi ombligo para robarme el corazón. Parecía tan real... Vale, puede que sea hora de reconocerlo. Tengo un miedo que no me cabe en el pecho, que me ahoga cada noche, que alborota mis párpados manteniéndome en vela. El cielo se ha desperezado como cada amanecer, solo que hoy tras ese sombrío letargo se ha levantado desnudo. Nos colma de buen humor que nos enfoquen desde lo alto con esa deslumbrante luz, aunque a veces nos ciegue unos segundos por intentar conquistar su incesable mirada. Parece que el sol tiene una cita con el mundo para hacernos brillar. Yo he decidido darles plantón y lo único que me ayuda a sentirme menos 'rara', es saber que en algún lugar del esferoide alguien ha cometido la misma osadía. Noel Clarasó dijo: "Lanza primero tu corazón y tu caballo saltará el obstáculo. Muchos desfallecen ante el obstáculo. Son los que no han lanzado primero el corazón". Mañana pasaré la página que tanto me he resistido a cruzar. Ya nunca más quedará en mi mano esa esperanza, te la cedo a ti para cuando dejes de creer que estoy hecha a prueba de tus balas.

sábado, 5 de marzo de 2011

Lo que el viento no te acerca, sal a buscarlo.

"Vendo emociones. Me sobra gran cantidad de miedos y otro tanto de tristeza. Tengo mucho amor escondido y poca gente a la que regalárselo. De alegría no voy muy completa así que lo siento si es lo que más falta te hacía. Te obsequio con suerte, pero sólo para encontrar objetos que creías perdidos, he comprobado que no sirve en juegos de azar. Una lástima que no valga para la lotería, ¿verdad?"

Nunca leía la sección de anuncios del periódico. Sin embargo, había caído sin querer en la trampa de aquellas misteriosas palabras escoltadas por un número de teléfono. Ningún nombre, ninguna explicación, sólo lo que había leído y releído segundos antes. Miró a su alrededor asustado por si alguien se hubiera percatado de sus dudas y estuviera reprimiendo sus ganas de burlarse de él. Echó un vistazo a su móvil, como esperando que supiera lo que debía hacer. Ni siquiera sabía si era una mujer la autora de ese sobrecogedor mensaje cifrado. Le inspiraba tanta curiosidad que casi se dejó llevar por aquel impulso. Pagó su rutinario desayuno: un espumoso capuccino acompañado de un exquisito croissant cubierto de miel. Se guardó el periódico bajo el brazo por si al seguir leyéndolo tuviera más opciones de caer en la tentación y salió a la calle. Al otro lado de la carretera, la chica de hielo le dedicaba una preciosa sonrisa que no duró mucho tiempo. Nunca había comprendido por qué le apodó así la gente del pueblo, a él siempre le sonreía. Revolvía en su bolso para sacar finalmente su móvil. Mientras esperaba a que el semáforo se pusiera en verde, le veía responder y colgar exasperada con la misma rapidez con la que había cambiado la expresión de su delicado rostro hacía un escaso minuto. Levantó la cabeza, le miró derritiéndole y siguió su camino hacia la floristería. Fingió ir en la misma dirección y, sin comprender muy bien el motivo que le había llevado hasta allí, entró también esperando tras ella su turno.
- ¡Hola, niñita! - Saludó amablemente la anciana. - ¿Qué desea?
- Quiero una docena de orquídeas mariposa.
- Phalaenopsis. El nombre procede del griego: phalaina, “mariposa” y opsis, “parecido”. Por eso, se les llama “orquídeas mariposa”, aunque tiene otros nombres. Son para tu abuela, ¿verdad? - La chica asintió. - ¿Cómo se encuentra?
- Está mejorando. Le daré recuerdos de su parte.
- Me alegro muchísimo. ¿Quiere que le escriba unas notas sobre sus cuidados?
- No se preocupe, mi abuela es una experta. ¿Puede enviárselas a casa?
- Claro. Para el 8 de marzo si no recuerdo mal...
- Recuerda perfectamente.
- ¡Que Dios me guarde mi pequeño don!
Ella no soportaba hablar de temas religiosos, aunque fuera una mera expresión de gratitud de una fe impregnada desde la infancia de aquella honrada mujer entrada en años. Se despidió cortésmente y continuó con aquella bonita mañana de invierno. La nieve hacía juego con su tez de porcelana.
- ¡Joven, oiga!
- ¡Oh, perdóneme! Estaba en mis cosas y...
- No se preocupe. Es una chica muy guapa, lo entiendo.
- No, cree que... Yo no, de verdad. Estaba... contemplando el radiante día que ha amanecido hoy, de veras. Hacía tiempo que no se veía el sol por estas tierras.
La anciana siguió con la conversación, aunque no había conseguido engañarla. A su edad ya sabía demasiado relacionado con el amor. Después de compartir tantos años al lado de su difunto marido, conocía perfectamente aquella mirada aparentemente perdida que seguía las curvas de una mujer.
- He visto en el cartel que necesita un repartidor y me preguntaba si seguía libre el puesto.
- ¿Y su trabajo? ¿Ya no quiere seguir siendo gerente?
- Sí, lo seguiré siendo. Ahora en la empresa no hay mucho que hacer, en esta época estamos un poco parados. Le dejaré mi número de teléfono por si decide darme el puesto.
Cogió una pluma del mostrador y buscó en los bolsillos de su pantalón un trozo de papel, temiendo que aquel arrebato de locura no fuera el último de la jornada.
- Mire, apúntelo aquí mismo -la anciana le cedió un cuaderno donde apuntaba los pedidos de la clientela-. Empiezas el lunes que viene a las nueve de la mañana.
- ¡Genial! Llegaré puntual.
Ya no había forma de volverse atrás, ni si quiera la excusa de rebuscar un pedazo arrugado de papel le podía sacar del lío en el que se había metido. Suerte que su jefe le había ofrecido participar en un nuevo estudio que estaba realizando el gobierno sobre el empleo desde el hogar. Ahora que tenía otro trabajo, no le quedaba más remedio que aceptarlo si quería conservar el actual puesto. Se quedó en medio de la calle mirando la cafetería de la que había salido diez minutos antes, donde casi cometió la insensatez de llamar al número de vete a saber quién, y ahora era repartidor porque no se le ocurría mejor forma de saber dónde vivía la chica que le dejaba helado. Una buena idea para conocer más sobre sus misterios, o tal vez un poco enfermizo. Cómo acabaría todo, aún no lo sabía nadie.







Puede que siga escribiendo sobre estos personajes (si me se ocurre una historia que enganche, claro). No sé, les he cogido cariño. El dibujo también lo he hecho yo en uno de esos ratos libres que no debería tener por aquello del agetreo de la universidad... He perdido un poco de práctica, como con el piano que lo he vuelto a dejar abandonado desde hace unos meses, así que ya es hora de desempolvar mis aficiones.

jueves, 27 de enero de 2011

¿Cómo lo llamas tú?

Desde que te vi nunca supe lo que iba a pasar. Ni si quiera me había fijado en ti, pero ahí estabas delante mío como si no hubiera nadie más rodeándonos. No sentí ese cosquilleo en el estómago cuando te acercaste. Sin embargo, al despedirnos deseé que aquel abrazo no se detuviera nunca; que no desapareciera de mi boca el dulce sabor de aquel último beso, aunque no fue el último. Y en el momento en que mis ojos te reconocieron aquella segunda vez, brotaron pequeñas mariposas en mis entrañas haciéndome cosquillas con su nervioso jugueteo. El simple roce de tus jugosos labios hace que me olvide de preguntarme hacia dónde nos llevará mañana la corriente. Ya no quiero saberlo. Nada importa más que disfrutar de tu bonita sonrisa que me contagia sin querer. Quizá esta historia sea una locura, o tal vez sea lo más cuerdo que he hecho en mi vida. No abriré mi corazón, ni lo cerraré con setecientos ochenta y cinco mil millones de candados, pero sí dejaré que eche a volar ese miedo que tenemos a veces los humanos a vivir. Seguramente no sepa lo que quiero, como es frecuente cuando tienes veinte años, pero de lo que sí estoy segura es de lo que no quiero en mi vida. No quiero hacerme preguntas para las que nadie tiene respuestas. ¿Y si no siente lo mismo? ¿Y si conoce a alguien que haga que se olvide de mí? ¿Y si no nos volvemos a ver? ¿Y si no somos compatibles? ¿Y si lo somos y la vida nos separa? ¿Y si descubre mis malos despertares y se asusta? ¿Y si el desmaquillante deja a la luz mis imperfecciones? ¿Y si me hace daño? Me levanto, te levantas, se levanta, nos levantamos, os levantáis, se levantan como hacemos todos cuando nos ponen la zancadilla. No hay nada más emocionante como suprimir los interrogantes y seguir tu camino sin saber qué cartas te tocará jugar, ni qué estrategia se te ocurrirá emprender. No quiero saber lo que piensas. Sólo quiero seguir siendo yo en mi más pura esencia cuando me pierdo en tus caricias; cuando bromeamos en ese juego indefinidamente agradable de hacernos sentir como si las nubes se colaran entre nuestros huesos, o como si fuéramos nosotros los que nos adentrásemos en ellas sin percatarnos hasta el preciso instante en que abrimos los ojos y caemos en picado, pero entrelazados tan firmemente que no existe ninguna altura capaz de separarnos, sólo el traicionero tiempo. Esa sensación de no saber cuánto nos queda hace que mi corazón galope como tiempo atrás no lo hacía; no obstante, es tan reconfortante tu medicina y tan tranquilizante el cálido brillo de tus ojos cuando me buscan, que la idea de patalear por no saber lo que vendrá como si dos años de vida tuviera, se esfuma con la misma facilidad que se esfuma mi tristeza cuando estoy a tu vera. No es amor, aunque algunos lo crean y yo lo quiera en el fondo de mi cansado corazón. Es paz y a la vez un bosque embrujado sumido en una profunda oscuridad, es inesperado y previsible, tierno y crudo como la realidad, volátil cuando te vas y estable cuando aquí estás, alegría y melancolía, compañía y soledad, rabia y serenidad, ahogarse y volver a respirar, flotar como nunca antes y naufragar buscando lo que sólo tú tienes, lo que sólo yo quiero, lo que sólo no tengo. Quédate y vete.

sábado, 30 de octubre de 2010

Amor y otros desastres

- Jacks, ¿te has planteado que eso del amor verdadero puede ser una conspiración?

- ¿Una conspiración?

- Sí, una conspiración capitalista, una mentira urdida por las industrias del cine, la publicidad y la música. Todos vendiéndonos humo, un concepto que ni si quiera existe.

- ¿Que el amor verdadero no existe?

- Piénsalo bien. ¿Dónde está si no es en canciones, libros y películas? ¿Quién puede decir sinceramente “siempre te querré”?

- Whitney Houston.

- Sí, cuando va de crack. La cuestión es que la gente se deprime porque busca esa cosa inexistente o lo hace igualmente porque cree que se ha conformado con menos.


martes, 5 de octubre de 2010

No temas, estoy aquí.

De madrugada la luna se escapa de una larga muralla de nubes que resplandecen a su paso. Unos metros más allá está ella. Melena larga, ojos como el cristalino mar, figura esbelta y unas hermosas piernas que asoman bajo su vestido negro de encaje. Su adorable rostro de muñequita de porcelana no se corresponde con su carácter. Pero es entrañablemente testaruda, quizá sea esa agridulce mezcla lo que me atrae tanto de ella. ¡Mierda, casi me ve! Ha faltado poco. Cualquiera que me vea acechándola pensaría que soy un psicópata. Vivo a dos manzanas de su casa y no soy capaz de acompañarla hasta la puerta. Suena estúpido hasta en mi cabeza... Me conformo con saber que llega sana y salva, aunque puede que nunca sepa que velo por su seguridad. No sé de qué tengo tanto miedo. Somos amigos de toda la vida, no debería resultar tan extraño. Esto es nuevo para mí. A lo mejor sólo es un capricho... No, no lo es. ¿A quién intentas engañar? No escucha lo que pienso, es inútil mentirse a sí mismo. Tengo que decírselo antes de que sea tarde. Está inquieta, mira mucho hacia atrás... ¿Qué hago, qué hago? ¡Ya sé! Tiraré una moneda. Cara, voy. Cruz, me doy la vuelta. Vale, es oficial: soy un completo inepto.

***

Hace una noche estupenda, aunque ha refrescado mucho. Debí haberme puesto unas medias, ya no estamos en verano. Parezco mi madre cuando hablo así. Menos mal que no tengo que reconocerlo delante de ella, sino en cada sermón de los suyos tendría que aguantarla cacareando una hora sobre las veces que le daré la razón cuando sea más mayor. Como si no fuera capaz de aprender de mis errores por mí misma... ¡me altera! No quiero saber qué me diría si supiera que vuelvo sola durante todo el trayecto. "Te tengo dicho que llames a tu padre para que vaya a buscarte, bla, bla, bla..." Sí, claro. Como si levantarse de la cama a las tantas para recoger a tu hija tras una noche de borrachera fuera agradable. Aunque odio caminar con tanto silencio, siempre tengo la sensación de que alguien me sigue. Les diré que me ha acompañado Josh, así se quedarán más tranquilos. Podría decirle algún día de una vez por todas que me da miedo este camino por la noche, pero no quiero que piense que lo digo con otras intenciones. Al menos no hasta tener claro qué es lo que siento. Todo iba genial cuando sólo le veía como un amigo más. ¿Y ahora qué? ¿Cómo voy a resistirme a esos cálidos ojos verdes y a ese suave pelo negro? Ya empiezo otra vez... Debería estar prohibido hablar con uno mismo a altas horas. Ya lo decían en aquella serie, no pasa nada bueno a partir de las dos de la mañana. Era algo así. ¿Qué ha sido eso? ¿Una moneda?

miércoles, 18 de agosto de 2010

Despedidas

Ese día, a esa hora, en aquel lugar. No sé si será un hasta luego o un punto y final. Puede que simplemente se trate de un punto y aparte demasiado largo, y los 'demasiado' nunca me han gustado. Me ponen nerviosa por el mero hecho de no saber con exactitud su duración. Y no, nadie lo sabe, nadie me puede asegurar un: 'Tranquila, mañana estará aquí contigo.' Pero ahora ya me sé la lección que me aconseja que viva solo el presente y que lo exprima como si cada una de sus sabrosas gotas fueran el zumo más valioso que jamás podré comprar. Y lo hago, disfruto como nunca lo he hecho. Mas nada es eterno. Todo tiene su precio, una consecuencia. Cada vez que toco el cielo y sonrío sin apenas darme cuenta de la felicidad que me invade, me duelen más las despedidas. Separaciones que no llevan ese nombre adjudicado porque mis esperanzadas neuronas me hacen reavivar el fuego de la ilusión por un próximo encuentro que no llega, pero que llegará con el tiempo. En la espera el tic-tac me martillea el tímpano sin cesar. Ni una sola tregua. Entonces es cuando me asaltan los recuerdos a mitad de camino entre la noche y el día. Vuelvo a sentir ese nerviosismo en el estómago como cada vez que le veo acercándose, oigo su voz, huelo su aroma o siento la ternura de sus abrazos que tanto echo en falta. Mis párpados anclados luchan frente al sueño en una pelea que solo el cansancio puede vencer, y caigo rendida contra mis sentimientos. Sin saber cómo, me encuentro en medio de la multitud del aeropuerto rastreando el avión que me devuelva la parte de mí que se ha perdido con él en algún recóndito rincón de Londres. Y me dejo llevar... una vez más.

martes, 27 de julio de 2010

Aquella noche...

Volvimos a encontrarnos, como la primera vez, bajo el amparo de un cielo estrellado. Ambos habíamos cambiado mucho, pero eso no nos impidió reconocer el brillo de nuestros ojos hablándose al unísono. Tus labios no tardaron en buscar los míos y ellos, perezosos, se dejaron atrapar sin oponer resistencia a lo que llevaban tiempo ansiando. Era tarde, pero no para nosotros. Jóvenes amantes de la luna que sólo se separan al alba. Y escondida en tu cama, en algún lugar entre las sábanas y el cobijo de tus brazos, nada podía robarme la seguridad que me regalabas con tu incandescencia. Tus manos ágiles recorrían mi cuerpo desnudo deteniéndose un rato donde se unen mis muslos y allí, en el abismo de mi acogedora caverna, desataban profundas y agitadas exhalaciones. Las mías, al compás de las tuyas, te obligaban a espirar tu cálido aliento creando en la habitación una complaciente corriente de aire que contaba, divertida, una historia más al viento. Y nuestra saliva, envidiosa, refrescaba nuestra piel a su antojo haciendo vibrar cada célula de nuestro ser. Y entre una ráfaga de besos apasionados y una marea de besos lentos, que tanto me gustan saborear, nos convertimos en un solo corazón desbocado. Aquella noche no hubo sexo para mí, tan solo suspiros de infinita ternura. Y ya no tuve miedo porque dormías conmigo, abrazándome con fuerza para que los recelosos rayos de sol, que se asomaban tímidos, no pudieran separarme de ti una vez más.

viernes, 16 de julio de 2010

Sueños

No suelo escuchar sus canciones, pero en menos de un minuto, Shinoflow, me ha dejado obnubilada con este precioso fragmento.



"¿Qué ocurre cuando una persona te cuenta que ha soñado contigo el mismo día que tú has soñado con ella? Quizás no deba considerarse un sueño porque ha existido más allá de los límites de nuestra cabeza, ha casi rozado la realidad desdibujándose un poco antes de que abriéramos los ojos. No sé, a veces no me atrevo a decirle a alguien que he soñado con él o ella. Pero quizás se esté callando lo mismo y haya sido el travieso comité de los sueños siameses el que, en el momento de perder la noción de la razón y a través de un estudio molecular de nuestros deseos, ha sintonizado a la vez un mismo sueño para dos personas que tímidamente sueñan lo que no se atreven a confesar."

miércoles, 7 de julio de 2010

Torbellinos de madrugada.

Gente. Mucha gente. Voces ahogadas por el estrepitoso volumen de la música. En medio de la multitud, yo. Giro la cabeza y ahí estás tú. Te miro. Me miras. Y por un pequeño instante, que a mí se me antoja eterno, siento que sólo existimos los dos. Me asusto. Aparto la mirada y sonrío azorada mientras intento que los ritmos abstractos que envuelven la estancia también absorban mi cuerpo. Pero recaigo en tus redes como recaen en la droga quienes se desintoxican. Nuestro cruce silencioso se repite con mayor intensidad y menor espacio de tiempo. Tiras de mí sin siquiera tocarme. Resisto, pero tú no. Y al acercarte haces que mi frágil corazón se altere. Llegas. Te aproximas impregnándome el aroma que emana de ti. Tu voz, cálida y segura. Tu aliento, aún más cálido, eriza el bello de mi nuca provocando una reacción en cadena que cesa en la punta de mis extremidades. Te vas y el miedo me impide levar el ancla que me retiene. Algunos lo llaman amor. A primera vista, pero siempre amor. Se me ha olvidado lo que esa palabra significa, pero recuerdo el dolor. Esa espina que agrieta la válvula que mantiene constante el flujo de mi amargo zumo de uvas. El culpable de que en algún momento se rompa en mil pedazos y tarde lo que a mí me parecen siglos en repararse. Y mis párpados descienden apagando la luz y otorgando un breve descanso a mis agotados ojos verdes. Y me transporto. Allí donde sólo yo tengo el control. Donde nadie puede dañarme. Donde puedo estampar una tarta en el rostro de un dependiente y marcharme corriendo sin pagar y sin pensar en las consecuencias. Donde puedo acudir al despacho de la profesora que más odio y escupirle insultos mientras vacío sus cajones, uso sus hojas a modo de confeti y echo abajo estanterías repletas de libros. Donde tengo un armario como el de Carrie Bradshaw y una nevera como la del anuncio de Heineken. Donde sólo llueve cuando ya no soporto el calor abrasador del sol. Donde puedo ser LIBRE.