miércoles, 21 de septiembre de 2011

Y, sin pensar en el paraíso, creo que nunca he dejado de estar en él...

Tic-tac. Tic-tac. Mi vida no se mide en un cúmulo de horas, minutos y segundos. Ese tímido sonido que apenas se deja oír emana de un reloj peculiar que se esconde asustado en algún lugar del corazón. Nunca sé desde qué célula susurra, sólo se que lo hace cuando se agota mi dosis de ti. Así es como llevo la cuenta de mis días. Empiezan cuando te veo y acaban cuando te vas. Lo demás es algo tan pasajero que ni si quiera permito que ocupe tu lugar en mi calendario. A veces, cuando los susurros se convierten en grititos acelerados y nerviosos, temo que los oigas y me alejo del cobijo de tu abrazo para retrasar un reencuentro que hasta mi cronógrafo ansía. Tú pareces perdido en el horizonte de mis ojos cristalinos que se atisban más brillantes reflejados en los tuyos que en la imagen de los míos. Con cautela, tus manos juguetean enredándose en mi ropa la cual, ágil, entorpece tu camino hacia nuestra tan visitada Avenida Lujuria, en la 3 con la 15 de la Calle del Deseo hasta llegar a aquel edificio nuevo que han llamado Frenesí, donde me borras el carmín a besos como cada anochecer. A veces entregados en un salvaje vaivén, otras sumidos en un tierno y lento viaje; pero siempre con el placer como único destino. No importa lo que tardemos en llegar; al fin y al cabo, el tiempo se evapora, el tiempo no existe sin recuerdos etiquetados.




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Hacía tiempo que no publicaba nada escrito por mí y es que me cuesta mucho últimamente. Me he acostumbrado tanto a pisar sobre tierra firme que casi se me ha olvidado lo que es dejar volar mi imaginación para que salgan cosas como ésta. Espero que os haya gustado.

sábado, 10 de septiembre de 2011

Pablo Neruda

Me gustas cuando callas porque estás como ausente,
y me oyes desde lejos, y mi voz no te toca.
Parece que los ojos se te hubieran volado
y parece que un beso te cerrara la boca.

Como todas las cosas están llenas de mi alma
emerges de las cosas, llenas del alma mía.
Mariposa de sueño, te pareces a mi alma,
y te pareces a la palabra melancolía.

Me gustas cuando callas y estás como distante.
Y estás como quejándote, mariposa en arrullo.
Y me oyes desde lejos, y mi voz no te alcanza:
déjame que me calle con el silencio tuyo.

Déjame que te hable también con tu silencio
claro como una lámpara, simple como un anillo.
Eres como la noche, callada y constelada.
Tu silencio es de estrella, tan lejano y sencillo.

Me gustas cuando callas porque estás como ausente.
Distante y dolorosa como si hubieras muerto.
Una palabra entonces, una sonrisa bastan.
Y estoy alegre, alegre de que no sea cierto.

martes, 21 de junio de 2011

Vísteme despacio, que tengo prisa.

Florece, como los árboles en primavera. No sé muy bien dónde está el comienzo, ni mucho menos si existirá un final. No me importa que odies mis malos humores, ni mis pequeñas rabietas de esas que crees que surgen de incomprensibles incógnitas, si luego me sigues queriendo y me atraviesas con esa mirada que grita en silencio un angustiado 'qué haría sin ti ahora que te he encontrado'.

Los caracoles van a su ritmo y tú, al suyo. Yo, sin embargo, estoy kilómetros por delante siempre impaciente, siempre con prisas volviendo sobre mis pasos para que no te pierdas. Puede que en realidad retroceda para no perderme yo al tomar un camino que nos separe. No sé si me costaría mucho o poco olvidar que algún día caminamos juntos. Creo que pienso más en lo que me aterrorizaría que tú me olvidaras, porque el viceversa se me antoja inverosímil.

La oscuridad me hace temblar y no de frío. Es extraño temer la sensación de percibir que las sombras te mantienen presa en el mundo ideal de los sueños que, a veces, se torna infernal. Sólo transportándote a mi cama y acariciando tus brazos mientras me protegen encuentro la cura para mis largos paseos nocturnos que transitan mi habitual lecho de lado a lado una y otra vez.

Nadie es perfecto, aunque te enamores. Quizá sea el motivo por el que es tan bonito quererse, porque hasta los detalles más imperfectos te enganchan. Nunca me ha gustado sentirme atada, ni sentir que mi felicidad depende de otra persona y, a pesar de todo, no puedo evitar que mi corazón sea el tuyo, que el tuyo sea el mío.

El viento me sigue guiando en sus infinitos impulsos de libertad, de estar aquí y allí, contigo y sin ti. Por eso habla, calla, ríe, llora, vuela, pero no me sueltes.

jueves, 9 de junio de 2011

Cada camino es un rayo de luz

Con frecuencia uno cree que atrasando lo inevitable quizá tenga alguna posibilidad de cambiar el futuro. De hecho, no tengo muy claro si todos los caminos llevan al mismo puerto. Nunca lo he sabido. Probablemente nunca lo sabré. Prefiero seguir pensando que la vida es como una partida de cartas, en la que cualquier decisión de uno u otro jugador puede influir en el nombre del ganador. La única diferencia es que en este escenario ni se pierde, ni se gana, solo se vive.

lunes, 11 de abril de 2011

Efímero

A veces nada te alegra tanto el día como un abrazo. Mirarte y creer ver un brillo especial en tus ojos. Introducirse en la oscuridad de tus pupilas, llegar donde quizá nadie haya puesto un pie y conquistar esa zona hostil como Neil Armstrong la luna aquel 21 de julio de 1969. Tal vez sólo haya sido un simple espejismo creado por esa extraña ilusión de la que vivimos los humanos. Hoy no veo nada de eso por ninguna parte. A lo mejor es ese el problema, que tengo que imaginarme qué pasa en tu cabeza. He intentado buscarlo, no te creas que me doy por vencida tan pronto. Pero sólo he encontrado un hasta luego, un 'luego' tan indefinido que casi me desgarra. Suerte que he abierto los ojos sobresaltada mientras agarraba mi tripa con fuerza tratando de evitar en vano que alguien se abriera paso a través de mi ombligo para robarme el corazón. Parecía tan real... Vale, puede que sea hora de reconocerlo. Tengo un miedo que no me cabe en el pecho, que me ahoga cada noche, que alborota mis párpados manteniéndome en vela. El cielo se ha desperezado como cada amanecer, solo que hoy tras ese sombrío letargo se ha levantado desnudo. Nos colma de buen humor que nos enfoquen desde lo alto con esa deslumbrante luz, aunque a veces nos ciegue unos segundos por intentar conquistar su incesable mirada. Parece que el sol tiene una cita con el mundo para hacernos brillar. Yo he decidido darles plantón y lo único que me ayuda a sentirme menos 'rara', es saber que en algún lugar del esferoide alguien ha cometido la misma osadía. Noel Clarasó dijo: "Lanza primero tu corazón y tu caballo saltará el obstáculo. Muchos desfallecen ante el obstáculo. Son los que no han lanzado primero el corazón". Mañana pasaré la página que tanto me he resistido a cruzar. Ya nunca más quedará en mi mano esa esperanza, te la cedo a ti para cuando dejes de creer que estoy hecha a prueba de tus balas.

domingo, 20 de marzo de 2011

American History X

Supongo que ahora debo decirle lo que he aprendido, mi conclusión. Pues mi conclusión es que el odio es un lastre, la vida es demasiado corta para estar siempre cabreado. No vale la pena.

Siempre viene bien terminar un trabajo con una cita. Dereck dice que siempre hay alguien que lo ha hecho mejor que tú y que si no puedes superarlo, róbaselo y aprovéchate:


"No somos enemigos, sino amigos, no debemos ser enemigos. Si bien la pasión puede tensar nuestros lazos de afecto, jamás debe romperlos. Las místicas cuerdas del recuerdo resonarán cuando vuelvan a sentir el tacto del buen ángel que llevamos dentro"...




Gran película que he vuelto a ver después de años
. Ahora recuerdo por qué me gustó tanto. Es bastante dramática, pero no hay mejor película que una que te transmita algo con lo que llegar a ser mejor persona. Sin duda seguirá en mi lista de favoritas.

sábado, 5 de marzo de 2011

Lo que el viento no te acerca, sal a buscarlo.

"Vendo emociones. Me sobra gran cantidad de miedos y otro tanto de tristeza. Tengo mucho amor escondido y poca gente a la que regalárselo. De alegría no voy muy completa así que lo siento si es lo que más falta te hacía. Te obsequio con suerte, pero sólo para encontrar objetos que creías perdidos, he comprobado que no sirve en juegos de azar. Una lástima que no valga para la lotería, ¿verdad?"

Nunca leía la sección de anuncios del periódico. Sin embargo, había caído sin querer en la trampa de aquellas misteriosas palabras escoltadas por un número de teléfono. Ningún nombre, ninguna explicación, sólo lo que había leído y releído segundos antes. Miró a su alrededor asustado por si alguien se hubiera percatado de sus dudas y estuviera reprimiendo sus ganas de burlarse de él. Echó un vistazo a su móvil, como esperando que supiera lo que debía hacer. Ni siquiera sabía si era una mujer la autora de ese sobrecogedor mensaje cifrado. Le inspiraba tanta curiosidad que casi se dejó llevar por aquel impulso. Pagó su rutinario desayuno: un espumoso capuccino acompañado de un exquisito croissant cubierto de miel. Se guardó el periódico bajo el brazo por si al seguir leyéndolo tuviera más opciones de caer en la tentación y salió a la calle. Al otro lado de la carretera, la chica de hielo le dedicaba una preciosa sonrisa que no duró mucho tiempo. Nunca había comprendido por qué le apodó así la gente del pueblo, a él siempre le sonreía. Revolvía en su bolso para sacar finalmente su móvil. Mientras esperaba a que el semáforo se pusiera en verde, le veía responder y colgar exasperada con la misma rapidez con la que había cambiado la expresión de su delicado rostro hacía un escaso minuto. Levantó la cabeza, le miró derritiéndole y siguió su camino hacia la floristería. Fingió ir en la misma dirección y, sin comprender muy bien el motivo que le había llevado hasta allí, entró también esperando tras ella su turno.
- ¡Hola, niñita! - Saludó amablemente la anciana. - ¿Qué desea?
- Quiero una docena de orquídeas mariposa.
- Phalaenopsis. El nombre procede del griego: phalaina, “mariposa” y opsis, “parecido”. Por eso, se les llama “orquídeas mariposa”, aunque tiene otros nombres. Son para tu abuela, ¿verdad? - La chica asintió. - ¿Cómo se encuentra?
- Está mejorando. Le daré recuerdos de su parte.
- Me alegro muchísimo. ¿Quiere que le escriba unas notas sobre sus cuidados?
- No se preocupe, mi abuela es una experta. ¿Puede enviárselas a casa?
- Claro. Para el 8 de marzo si no recuerdo mal...
- Recuerda perfectamente.
- ¡Que Dios me guarde mi pequeño don!
Ella no soportaba hablar de temas religiosos, aunque fuera una mera expresión de gratitud de una fe impregnada desde la infancia de aquella honrada mujer entrada en años. Se despidió cortésmente y continuó con aquella bonita mañana de invierno. La nieve hacía juego con su tez de porcelana.
- ¡Joven, oiga!
- ¡Oh, perdóneme! Estaba en mis cosas y...
- No se preocupe. Es una chica muy guapa, lo entiendo.
- No, cree que... Yo no, de verdad. Estaba... contemplando el radiante día que ha amanecido hoy, de veras. Hacía tiempo que no se veía el sol por estas tierras.
La anciana siguió con la conversación, aunque no había conseguido engañarla. A su edad ya sabía demasiado relacionado con el amor. Después de compartir tantos años al lado de su difunto marido, conocía perfectamente aquella mirada aparentemente perdida que seguía las curvas de una mujer.
- He visto en el cartel que necesita un repartidor y me preguntaba si seguía libre el puesto.
- ¿Y su trabajo? ¿Ya no quiere seguir siendo gerente?
- Sí, lo seguiré siendo. Ahora en la empresa no hay mucho que hacer, en esta época estamos un poco parados. Le dejaré mi número de teléfono por si decide darme el puesto.
Cogió una pluma del mostrador y buscó en los bolsillos de su pantalón un trozo de papel, temiendo que aquel arrebato de locura no fuera el último de la jornada.
- Mire, apúntelo aquí mismo -la anciana le cedió un cuaderno donde apuntaba los pedidos de la clientela-. Empiezas el lunes que viene a las nueve de la mañana.
- ¡Genial! Llegaré puntual.
Ya no había forma de volverse atrás, ni si quiera la excusa de rebuscar un pedazo arrugado de papel le podía sacar del lío en el que se había metido. Suerte que su jefe le había ofrecido participar en un nuevo estudio que estaba realizando el gobierno sobre el empleo desde el hogar. Ahora que tenía otro trabajo, no le quedaba más remedio que aceptarlo si quería conservar el actual puesto. Se quedó en medio de la calle mirando la cafetería de la que había salido diez minutos antes, donde casi cometió la insensatez de llamar al número de vete a saber quién, y ahora era repartidor porque no se le ocurría mejor forma de saber dónde vivía la chica que le dejaba helado. Una buena idea para conocer más sobre sus misterios, o tal vez un poco enfermizo. Cómo acabaría todo, aún no lo sabía nadie.







Puede que siga escribiendo sobre estos personajes (si me se ocurre una historia que enganche, claro). No sé, les he cogido cariño. El dibujo también lo he hecho yo en uno de esos ratos libres que no debería tener por aquello del agetreo de la universidad... He perdido un poco de práctica, como con el piano que lo he vuelto a dejar abandonado desde hace unos meses, así que ya es hora de desempolvar mis aficiones.

martes, 1 de marzo de 2011

No intentes entenderlo.

Allí estaba él, sentado en medio de un desierto de semioscuridad, con un boquete en el pecho y el corazón al tenue abrigo de sus manos. No sabía si era un sueño o el río que había corrido siempre en su interior se escaparía por aquella cascada en los cinco segundos de aliento que parecían quedarle. Su vida no se le apareció ante sus ojos. Puede que fuera una buena señal y aquel trasto que había dejado de palpitar no le sirviera para subsistir, así que lo lanzó todo lo lejos que le permitió su leve fuerza. Ya no le dolían sus heridas, ni antiguas, ni recientes. El suelo se agrietó bajo sus pies y cayó en medio de un pasillo. Se alzó aturdido esperando que la nubosidad en el cristalino de sus ojos se esfumara sin cirugía. Los agarrotados músculos de sus piernas aún no le respondían bien. Quiso gritar, pero no encontraba esa parte de su cuerpo que le permitía hacerse notar en aquel inquietante silencio. Desesperado convocó a sus lágrimas que como fieles seguidoras descendieron de lo más alto, de donde la vista no alcanza. Las viscosas paredes del laberinto que le retenía se tornaron transparentes. Escondían todo lo que había retenido, todo lo que había relegado, todo lo que había sentido. Hasta el más mínimo detalle, ése que a la mayoría se nos olvida, estaba allí. Con frialdad se hizo paso con sus finos y alargados dedos de pianista arrancado sus errores que morían al contacto instantáneo con el exterior de su guarida. La ira del cielo le absorbió por su atrevimiento transportándole hacia una elección. En medio de un camino en el que sólo podía avanzar para descifrar el acertijo que abría una puerta, o retroceder para perderse en el alegre colorido de una gran extensión de árboles y matas. Se adelantó abrazando el obstáculo en un intento de apaciguarlo tras su intrusión. Una voz le susurró al oído que abriera los ojos. Se giró tembloroso rezumando por cada poro cada vez más terror. Al fin se percató de que se había equivocado al verse envuelto en medio de una habitación recubierta de espejos. Asumió la condena de aquel juego de infinitos universos paralelos fruto de sus delirios del que puede que nunca supiera salir, del que tal vez nunca pudiera aprender lo que no supo cultivar en vida.

jueves, 27 de enero de 2011

¿Cómo lo llamas tú?

Desde que te vi nunca supe lo que iba a pasar. Ni si quiera me había fijado en ti, pero ahí estabas delante mío como si no hubiera nadie más rodeándonos. No sentí ese cosquilleo en el estómago cuando te acercaste. Sin embargo, al despedirnos deseé que aquel abrazo no se detuviera nunca; que no desapareciera de mi boca el dulce sabor de aquel último beso, aunque no fue el último. Y en el momento en que mis ojos te reconocieron aquella segunda vez, brotaron pequeñas mariposas en mis entrañas haciéndome cosquillas con su nervioso jugueteo. El simple roce de tus jugosos labios hace que me olvide de preguntarme hacia dónde nos llevará mañana la corriente. Ya no quiero saberlo. Nada importa más que disfrutar de tu bonita sonrisa que me contagia sin querer. Quizá esta historia sea una locura, o tal vez sea lo más cuerdo que he hecho en mi vida. No abriré mi corazón, ni lo cerraré con setecientos ochenta y cinco mil millones de candados, pero sí dejaré que eche a volar ese miedo que tenemos a veces los humanos a vivir. Seguramente no sepa lo que quiero, como es frecuente cuando tienes veinte años, pero de lo que sí estoy segura es de lo que no quiero en mi vida. No quiero hacerme preguntas para las que nadie tiene respuestas. ¿Y si no siente lo mismo? ¿Y si conoce a alguien que haga que se olvide de mí? ¿Y si no nos volvemos a ver? ¿Y si no somos compatibles? ¿Y si lo somos y la vida nos separa? ¿Y si descubre mis malos despertares y se asusta? ¿Y si el desmaquillante deja a la luz mis imperfecciones? ¿Y si me hace daño? Me levanto, te levantas, se levanta, nos levantamos, os levantáis, se levantan como hacemos todos cuando nos ponen la zancadilla. No hay nada más emocionante como suprimir los interrogantes y seguir tu camino sin saber qué cartas te tocará jugar, ni qué estrategia se te ocurrirá emprender. No quiero saber lo que piensas. Sólo quiero seguir siendo yo en mi más pura esencia cuando me pierdo en tus caricias; cuando bromeamos en ese juego indefinidamente agradable de hacernos sentir como si las nubes se colaran entre nuestros huesos, o como si fuéramos nosotros los que nos adentrásemos en ellas sin percatarnos hasta el preciso instante en que abrimos los ojos y caemos en picado, pero entrelazados tan firmemente que no existe ninguna altura capaz de separarnos, sólo el traicionero tiempo. Esa sensación de no saber cuánto nos queda hace que mi corazón galope como tiempo atrás no lo hacía; no obstante, es tan reconfortante tu medicina y tan tranquilizante el cálido brillo de tus ojos cuando me buscan, que la idea de patalear por no saber lo que vendrá como si dos años de vida tuviera, se esfuma con la misma facilidad que se esfuma mi tristeza cuando estoy a tu vera. No es amor, aunque algunos lo crean y yo lo quiera en el fondo de mi cansado corazón. Es paz y a la vez un bosque embrujado sumido en una profunda oscuridad, es inesperado y previsible, tierno y crudo como la realidad, volátil cuando te vas y estable cuando aquí estás, alegría y melancolía, compañía y soledad, rabia y serenidad, ahogarse y volver a respirar, flotar como nunca antes y naufragar buscando lo que sólo tú tienes, lo que sólo yo quiero, lo que sólo no tengo. Quédate y vete.

jueves, 20 de enero de 2011

Siempre la misma historia... La misma historia de siempre...

Encontrarse en medio de dos aguas. Sin poder dividirte. Sin saber a qué orilla acercarte para ponerte a salvo. Siempre queda la opción de quedarte donde estás a esperar a que la marea y el cansancio cumplan con la misión de ahogarte. Gritar no sirve de nada cuando no quieren escuchar. Uno siempre cree que lo que él/ella opina es la verdad, que lo que uno ve es la única película real. Yo sólo me pregunto por qué no son capaces de mirar como si en vez de estar en el escenario, estuvieran husmeando por una ventana abierta. Aquello de ponerse los zapatos del otro parece que ha pasado a mejor vida... Una pena, porque se intuirían y se arreglarían tantas cosas... Minúsculos problemas insignificantes de los que hacemos montañas y, en ocasiones, volcanes de esos que no sabes cuándo van a entrar en erupción. Tal vez haya que aguardar a que estalle la guerra y así tener un motivo para ponerse a cubierto en uno u otro lado. Ojo por ojo, diente por diente. Donde las dan, las toman. Recoges lo que siembras. ¿Manos que no dais qué esperáis? No, me niego a creer que es la única forma. Me niego a creer que entre amigos no sea posible una segunda oportunidad. Me niego a creer que la ofuscada idea de mantenerse en sus trece, tire por la borda tantos años de recuerdos. Me niego a creer que apartarse de lo que nos molesta, nos ayude a crecer como personas. Me niego a creer que cueste tanto tener una conversación sincera, sin un tono de voz más alto que otro. Me niego a creer que no se pueda dar el brazo a torcer por ambas partes. Me niego a creer que no se quiera cambiar la situación. Puede que sea yo quien necesite ayuda para comprender lo que el resto del mundo opina. Puede que sea el mundo el que necesite entenderme para curar heridas que se podrían haber evitado.