Con frecuencia uno cree que atrasando lo inevitable quizá tenga alguna posibilidad de cambiar el futuro. De hecho, no tengo muy claro si todos los caminos llevan al mismo puerto. Nunca lo he sabido. Probablemente nunca lo sabré. Prefiero seguir pensando que la vida es como una partida de cartas, en la que cualquier decisión de uno u otro jugador puede influir en el nombre del ganador. La única diferencia es que en este escenario ni se pierde, ni se gana, solo se vive.