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jueves, 29 de enero de 2015

Las piezas de tu vida.

Si todos los puzzles que tuviéramos que resolver fueran como esos que hacíamos de pequeños, y no tan pequeños, la vida resultaría más fácil.  

Por ejemplo, imagina que cuando decides tener una relación nos dieran de regalo nuestro propio puzzle y el del chico en cuestión. Si al resolverlo todo encaja será el hombre de nuestra vida. Si no sucede eso y las piezas son un rompecabezas imposible de resolver, a otra cosa mariposa. Et voilà! Vida resuelta en cuestión de minutos. Para qué perder el tiempo, ¿no? 

En la vida real esto no pasa, como ya habréis comprobado. Tu puzzle ahora es de 1500 piezas y dentro de un año será de 12750 con una forma totalmente distinta. Lo mismo pasa con el resto de personas que nos rodean, aunque a algunos les cueste más o menos cultivar su puzzle, y encajar esas piezas en constante evolución puede llegar a ser frustrante.  

Hoy puede que busquemos una persona que nos haga reír, mañana necesitaremos también un poco de conversación y comprensión. Tener hobbies en común con tu pareja es importante hasta que descubres que tus planes de vida no son ni por asomo los suyos. Cada vez más exigencias que tal vez ni nosotros cumplamos, pero el caso es pedir y buscar la inexistente perfección.  

¿Y lo de opinar sobre relaciones ajenas? Nos encanta. Creo que no conozco a nadie que no lo haya hecho. Muchas veces ni si quiera sabemos si lo que decimos es cierto y aún así, es tal nuestra convicción, que hasta nos lo creemos. 

La paciencia también brilla por su ausencia y es que no hay margen que valga para dejar que alguien enmiende su error, en seguida todo se vuelve imperdonable, en seguida se tiende a escapar de las dificultades. Ya no sólo en el ámbito amoroso.
 
Así es el mundo bajo mis ojos. Nos sobran comodidades, así que se nos ha olvidado que hay cosas en la vida que requieren esfuerzo y tiempo. Nos han enseñado que existe la libertad de expresión, pero no te dan lecciones sobre cuándo debes cerrar la bocaza. Y así nos va. 

No me gusta el planeta en el que vivo por muchas razones, pero no puedo pedir peras al olmo... Así que crearé mi propio camino sobre la marcha, escucharé lo justo y necesario, callaré lo que sigues creyendo que no sé y lo que capten mis oídos de aquí en adelante y trataré de ser la mejor versión de mi en la medida de lo posible. Lo que hagan los demás con su camino, no me corresponde a mí decidirlo. 




                                                                               *                              *                              *




Pensé en abrir el 2015 escribiendo lo típico sobre un balance del año que se iba y los propósitos de año nuevo más pobres y más sinceros que he me hecho desde hace muuuuucho tiempo, pero me daba una pereza descomunal así que opto por esta reflexión que escribí meses atrás y que no me decidía a publicar. Tal vez cuando acabe el año os cuente lo que aprenda de la vida en su transcurso, lo leáis o no. Se quedará aquí plasmado, para que quede constancia de que existí en algún momento y en algún lugar, o para que se desmorone con el resto de contenidos de la red cuando nos invada un apocalipsis zombi o acabemos de destrozar la Tierra sin descubrir la manera de salvar a la humanidad a lo Interstellar. Por el momento estoy aprendiendo a vivir sin el cacao y sin la cafeína, puesto que soy intolerante desde hace apenas dos semanas. Me he dado cuenta de que comía chocolate más a menudo de lo que creía... Pero podía haber sido peor. Podían haberme quitado la cerveza y haber perdido la cabeza a lo Homer Simpson. Además, que me lleven a la uni tarta de manzana y galletas riquísimas para que no eche de menos esos pequeños manjares que por ahora no puedo tomar ayuda muy mucho, así que gracias chicos :) 


Dicho sea esto...
Feliz 2015. 

(Aún no ha llegado San Valentín, así que no es tarde. Puedo felicitaros el año, ¿vale? Dejadme.)



Un saludo, pequeñas criaturas terrícolas.


jueves, 20 de enero de 2011

Siempre la misma historia... La misma historia de siempre...

Encontrarse en medio de dos aguas. Sin poder dividirte. Sin saber a qué orilla acercarte para ponerte a salvo. Siempre queda la opción de quedarte donde estás a esperar a que la marea y el cansancio cumplan con la misión de ahogarte. Gritar no sirve de nada cuando no quieren escuchar. Uno siempre cree que lo que él/ella opina es la verdad, que lo que uno ve es la única película real. Yo sólo me pregunto por qué no son capaces de mirar como si en vez de estar en el escenario, estuvieran husmeando por una ventana abierta. Aquello de ponerse los zapatos del otro parece que ha pasado a mejor vida... Una pena, porque se intuirían y se arreglarían tantas cosas... Minúsculos problemas insignificantes de los que hacemos montañas y, en ocasiones, volcanes de esos que no sabes cuándo van a entrar en erupción. Tal vez haya que aguardar a que estalle la guerra y así tener un motivo para ponerse a cubierto en uno u otro lado. Ojo por ojo, diente por diente. Donde las dan, las toman. Recoges lo que siembras. ¿Manos que no dais qué esperáis? No, me niego a creer que es la única forma. Me niego a creer que entre amigos no sea posible una segunda oportunidad. Me niego a creer que la ofuscada idea de mantenerse en sus trece, tire por la borda tantos años de recuerdos. Me niego a creer que apartarse de lo que nos molesta, nos ayude a crecer como personas. Me niego a creer que cueste tanto tener una conversación sincera, sin un tono de voz más alto que otro. Me niego a creer que no se pueda dar el brazo a torcer por ambas partes. Me niego a creer que no se quiera cambiar la situación. Puede que sea yo quien necesite ayuda para comprender lo que el resto del mundo opina. Puede que sea el mundo el que necesite entenderme para curar heridas que se podrían haber evitado.