Mostrando entradas con la etiqueta dolor. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta dolor. Mostrar todas las entradas

jueves, 13 de noviembre de 2014

Haces de luz en la penumbra

Mientras escuchaba 'About today' de The National en bucle, algo me hizo preguntarme qué hay en las canciones taciturnas que tanto me sacan del planeta con su melodía y recordé una cosa curiosa que me pasó hace años. 

Desde que mi profesora de piano me dio una partitura de la banda sonora (a mi parecer preciosa por su carga emocional) de una de mis películas favoritas en el mundo mundial, siempre le pedía que me dejara tocarla antes de empezar con la clase semanal. Un día me preguntó «¿Por qué te gusta tanto esta canción?» A lo que yo le contesté «Es bonita», pero ella me corrigió muy seria: «No, no lo es. Es triste» y rompí a llorar. No me consoló, ni lo necesité puesto que se me sacaron las lágrimas en cuestión de segundos. 

Ser hija única me ha ayudado a no necesitar tener más apoyo que el propio en los momentos duros que me han ido surgiendo. Mi madre siempre me dice con resignación que estaré sola cuando me falte ella, pero hay cosas que no le cuentas a una madre y cosas que tampoco confiesas a una amiga, así que puede que ya lo esté a mi manera. 

El caso es que mi profesora no me preguntó la causa de mi llanto y, sinceramente, tampoco hubiera sabido explicárselo en ese momento de mi adolescencia. Aún no comprendía lo que me hacía sentir ese melancólico sonido. 

Veía belleza en esa tristeza, y la sigo viendo. Cuando me apetece volver a tocar mi abandonado piano, es la primera pieza que interpreto. Admiro la tristeza que te hace caer y levantarte más fuerte, que te hace más valiente, que te enseña a valorar las cosas buenas de la vida. Creo que lo más valioso que tiene el ser humano es el dolor porque uno no sabe lo que es ganar si nunca ha perdido. Perder te hace crecer y no me refiero a cosas materiales, evidentemente. He perdido mucho, he aprendido mucho y me queda mucho por aprender. Seguiré perdiendo, seguiré sonriendo, seguiré viviendo.

La misteriosa partitura va a seguir siendo eso, misteriosa. Pero aquí os dejo la canción de The National: 


Y su letra:
Today you were far away
and I didn't ask you why
What could I say
I was far away
You just walked away
and I just watched you
What could I say

How close am I to losing you

Tonight you just close your eyes
and I just watch you
slip away

How close am I to losing you

Hey, are you awake
Yeah I'm right here
Well can I ask you about today

How close am I to losing you
How close am I to losing 

P.D: Odio los títulos y ponerle nombre a las cosas. Nunca se me ha dado muy bien. Mi profesor de dibujo de secundaria me decía continuamente que dibujaba muy bien, pero que los títulos no eran tan acordes. Vamos, que eran una mierda comparado con lo plasmado en el papel. De hecho, es lo que más tardo en escribir porque resuenan sus palabras en mi mente y mi asignatura pendiente siempre fue currármelos más. No sé si ya podría aprobarla, pero lo intento... 

Y ya me callo. 
Un besico.
Izaskun G.

jueves, 13 de junio de 2013

Carta al pasado.

Querido dueño de mi corazón, 
No sé si lo tendrás para siempre o el tiempo borrará tu nombre. Tampoco sé por qué te escribo si ya no puedes leerlo. Sé que es absurdo, pero siento que debo. 
Cuando recibí la noticia no me lo creí, ni si quiera fui consciente de ello en el precioso entierro que organizó tu familia. Tengo que reconocer que te odié. Me dejaste de una forma tan cruel... Sin avisar. ¿Quién se va sin avisar? ¿Cómo pudiste hacerlo? Sé que tengo mal carácter y que no te hubiera resultado fácil despedirte, pero aún duele. Aún lloro y créeme cuando te digo que si abro el grifo sólo el cansancio es capaz de cerrarlo. Sólo gastando toda mi energía consigo calmar el dolor. 
Echaré tanto de menos tus carcajadas cuando me hacías rabiar o cuando me asustabas en el coche para que saliera de mis pensamientos, tus abrazos, tu mirada, tus "Siempre" como respuesta a mis "¿Me quieres?", la forma en que me inmovilizabas para que no escapara de tus labios... ¿Qué voy a hacer sin todo eso? 
No he vuelto a ser la misma desde que te fuiste y sospecho que no volveré a querer con esa intensidad. Temo que la vida me vuelva a castigar así, arrebatándome el futuro que quería compartir contigo. Ya éramos uno, no lo entiendo. ¿Por qué nos tuvo que tocar a nosotros? 
Confieso que tenía dudas sobre nuestra relación. A ambos nos costaba implicarnos al 100%, aunque creo que ya estábamos entregados el uno al otro sin saberlo. Cuando yo me alejaba, tú me cogías de la mano para retenerme y viceversa. Hoy pienso que era la unión perfecta. ¿Entiendes ahora mi enfado? He perdido lo mejor que he tenido.  
Éramos tan felices que apenas tenemos fotos juntos y, me preocupa que mi mente me juegue una mala pasada llevándose también todos nuestros momentos. De momento me aferraré a ellos con la fortaleza con la que se agarra un naufrago a su salvavidas. 
Me hubiera encantado recordar para siempre el último "te quiero". Nos lo decíamos tan poco que lo tengo borroso... pero no te pongas triste, sé que nos queríamos. No me hacía falta escucharlo cada día, a pesar de que no pueda evitar añorar nuestra inexistente despedida. A veces me he imaginado la escena: yo rogándote entre lágrimas que no me abandones y tú con la tez fría pidiéndome una última sonrisa. 
Lucharé por aprender a seguir sin ti, de verdad, aunque desearía no haber tenido que hacerlo.
Con amor
... los fragmentos de mi corazón.
*  *  *

Afortunadamente esta carta es solamente el fruto de una pesadilla que os cuento para que nunca, bajo ningún concepto, se haga realidad. Aprovecho para dar las gracias a los que siguen creyendo que tengo talento y bienvenidos sean los que están por llegar.





sábado, 11 de diciembre de 2010

Algunas pesadillas no se acaban cuando abrimos los ojos

Frío. En pleno mes de diciembre era lo habitual, y más en aquella prominente montaña. A ella le parecía una temperatura excelente; pero siempre había sido una chica gélida, así que su opinión casi nunca contaba en estos temas. En lo alto del acantilado, el viento le llenaba los pulmones del aire más puro del planeta con tanta velocidad que casi le ahogaba. Abajo, los árboles parecían una red de seguridad hecha de algodón que le invitaba a lanzarse al vacío como si en un parque de atracciones se encontrara. No le faltaban ganas, ni razones para hacerlo; pero estaba tan agusto camuflada en un entorno tan similar a ella, que decidió quedarse a vivir allí. Siguió bordeando el límite del abismo que le reclamaba su alma. Pisaba con sumo cuidado temiendo romper la magia de aquel hermoso lugar, de esa bella prolongación de su ser. El horizonte simulaba un escalón para ascender a las nubes, y de ahí al cielo. Le ofrecía un ápice de imaginación con el fin de volverle a transportar al mundo de sus sueños que tan abandonado había dejado en ese último año. A la derecha, un pequeño pueblo lucía vivos colores a través del manto de niebla que amenazaba con sumergirla en el olvido durante unos instantes. Se acercaba la Navidad. Su abuela solía desplazarse a la ciudad para pasarla junto a sus padres, su hermano Peter y ella. Esta vez había sido la chica de hielo la que había acudido al amparo de la tranquila casa de Geraldine, su abuela. El piso de la gran metrópoli estaba a la venta. Ya no soportaba dormir bajo ese techo, no después de todo lo ocurrido. Lágrimas brotaron como manantiales refrescándole no sólo por fuera, sino también recorriendo cada célula de su desgarrado corazón. Comenzaba a anochecer y sabía que le esperaba una pequeña reprimenda de Geraldine al llegar a casa. "Te tengo dicho que no salgas con este tiempo. Si te pilla una tormenta podrías perderte y a mi edad no estoy hecha a prueba de tantos disgustos, hija mía. Hazlo por mí aunque sea..." le repetía una y otra vez. No lo entendía, no comprendía que necesitaba esos momentos de soledad mirando a la nada mientras el furioso viento le abofeteaba sin tregua. Tenía que sacar su corazón quebrado a pasear para congelar sus trozos cual agua de río y así, asegurarse de que por la noche se mantendrían intactos cuando su subconsciente le traicionara como cada vez que se adentraba en la profunda oscuridad de su interior. "¡Tú les mataste! No llorás de tristeza, lloras porque sabes que fue tu maldita culpa". Nunca debió pronunciar aquellas palabras, y las consecuencias le impedían descansar a la hora de acostarse. Peter era tres años menor que ella y siempre habían sido uña y carne, hasta que se quedó dormido al volante tras una noche de borrachera cuando llevaba a sus padres del aeropuerto a casa. Ella estuvo estudiando hasta el amanecer para un examen de anatomía que debía realizar al día siguiente en la facultad de medicina. El cansancio le jugó una mala pasada a su hermano y el hielo de la calzada no ayudó en la delicada situación. Una valla de protección atravesó a sus padres haciéndoles partir en el acto. Peter tuvo mucha paciencia con su hermana tras el accidente del que milagrosamente salió ileso, pero ella nunca le perdonó su falta de responsabilidad. Las discusiones eran cada vez peores y su falta de sensibilidad empujó a su hermano a llenar la bañera con el rojo intenso de su vida. Ahora era ella la que estaba hundida por la culpabilidad. Dejó de ser la chica alegre de siempre para limitarse simplemente a existir. Ya no le quedaba nada a lo que aferrarse, ni si quiera su abuela era un firme amarre. Pronto faltaría y, a pesar de tener la cicatriz de la operación de apendicitis curada, no tendría tiempo de cicatrizar otras heridas incorpóreas, pero mucho más agudas. El dolor se hacía completamente insoportable. Puede que tras un período aún indefinido aprendiera a vivir con esa tortura. Puede que en el momento oportuno alguna extraña fuerza de la naturaleza le devolviera todo lo que la vida le había arrebatado. Puede que no. Puede que esas cosas sólo pasaran en las películas, pero una frágil e indefensa esperanza de felicidad florecía sin que ella se percatara si quiera.


__________________________________________________________________________



Fruto de un viaje de 9 horas contemplando un continuo y precioso paisaje nevado.
9 horas que merecieron la pena no sólo por la ráfaga de inspiración que creía que me había desaparecido, sino porque pasé 6 días geniales con 3 de mis pequeñitas.


He puesto también una encuesta arriba a la derecha para que opinéis sobre lo que escribo, ya que no sé si os gusta o no y tengo curiosidad.
Gracias por los votos.
Un saludo :)

lunes, 23 de agosto de 2010

Lunes, otra vez.

Al igual que todos los comienzos de semana, le costaba horrores deshacerse del revoltijo de sábanas que le envolvían con delicadeza en sus álgidas noches. La casa seguía vacía y solo ella perturbaba el silencio sepulcral que dominaba su humilde morada. Le asustaba encontrarse a solas con sus pensamientos, que hervían a fuego lento. Su bombay, camuflado con la penumbra de la habitación, apareció maullando alrededor de su tobillo. Se agachó ligeramente para acariciarlo cuando un fuerte ruido irrumpió en la escena. Provenía del salón. Era la típica secuencia de suspense de las películas de terror. Chica soltera que vive sola con su gato, presa fácil. Solo que ella no tenía un gato, sino dos. Su travieso pixie bob era más curioso, si cabe, de lo normal. Había roto la figura de la Torre Eiffel que compraron en París en aquella escapada romántica. Su mirada parecía decirle que no había sido una trastada, sino un favor para que dejara de recordarle. Puede que tuviera razón. Al fin y al cabo, ellos habían sido sus únicos compañeros de piso desde que se marchó de casa por amor. ¿Quién iba a conocerle mejor? Su madre. 'No seas tonta, si lo dejas todo por él te arrepentirás. Hazme caso...' Pero nunca lo hacía, y odiaba tener casi la obligación de reconocer que estaba en lo cierto. Un tono, dos tonos, tres...
- Mamá, vuelvo a casa.
No hubo ningún 'te lo dije', ni cualquier otro juego de palabras que pudieran hacerle sentir peor de lo que ya se encontraba.
- Tu habitación sigue tal y como la dejaste. Quédate lo que quieras, es tu casa también.

miércoles, 18 de agosto de 2010

Despedidas

Ese día, a esa hora, en aquel lugar. No sé si será un hasta luego o un punto y final. Puede que simplemente se trate de un punto y aparte demasiado largo, y los 'demasiado' nunca me han gustado. Me ponen nerviosa por el mero hecho de no saber con exactitud su duración. Y no, nadie lo sabe, nadie me puede asegurar un: 'Tranquila, mañana estará aquí contigo.' Pero ahora ya me sé la lección que me aconseja que viva solo el presente y que lo exprima como si cada una de sus sabrosas gotas fueran el zumo más valioso que jamás podré comprar. Y lo hago, disfruto como nunca lo he hecho. Mas nada es eterno. Todo tiene su precio, una consecuencia. Cada vez que toco el cielo y sonrío sin apenas darme cuenta de la felicidad que me invade, me duelen más las despedidas. Separaciones que no llevan ese nombre adjudicado porque mis esperanzadas neuronas me hacen reavivar el fuego de la ilusión por un próximo encuentro que no llega, pero que llegará con el tiempo. En la espera el tic-tac me martillea el tímpano sin cesar. Ni una sola tregua. Entonces es cuando me asaltan los recuerdos a mitad de camino entre la noche y el día. Vuelvo a sentir ese nerviosismo en el estómago como cada vez que le veo acercándose, oigo su voz, huelo su aroma o siento la ternura de sus abrazos que tanto echo en falta. Mis párpados anclados luchan frente al sueño en una pelea que solo el cansancio puede vencer, y caigo rendida contra mis sentimientos. Sin saber cómo, me encuentro en medio de la multitud del aeropuerto rastreando el avión que me devuelva la parte de mí que se ha perdido con él en algún recóndito rincón de Londres. Y me dejo llevar... una vez más.

martes, 10 de agosto de 2010

Jaque

El miedo me paraliza, las dudas nublan mi mente, el frío me congela, el temblor de mi cuerpo alborota mis pensamientos, el cemento sella mis labios, mis pestañas se humedecen ligeramente, las lágrimas no me dejan ver con claridad, el galopar de mi corazón intercepta el sonido de tu voz, la oscuridad obstaculiza mi búsqueda, los escombros entorpecen mi huída, la inquietud punza mis nervios, la culpa frustra mi ego, la realidad me abofetea casi cada mañana, la suerte resbala entre mis manos, la desesperación entrecorta mi aliento, la presión entumece mis músculos, las responsabilidades me asfixian, los esfuerzos son infravalorados, la vida me echa un pulso, las fuerzas flaquean...