martes, 20 de julio de 2010

Nubes y claros.

Ayer vi paseando un corazón lánguido. Dejaba rastros tras sus pasos vacilantes, se estaba degradando. Nubarrones de un gris oscuro le acechaban con amenazas de tormenta, pero él parecía sumido en una burbuja, ajeno a todo lo que le rodeaba. Titubeante y taciturno proseguía lentamente con la mirada cabizbaja de quien ha perdido la esperanza. Los corazones que se cruzaban en su camino cambiaban la expresión tranquila de sus rostros por otra de lástima, como si se hubieran adentrado en un campo maldito atraídos por su magnetismo. La pobre ambigüedad les prohibía tomar partido en este juego ajeno a sus vidas. Mi percepción de la escena comenzaba a tornarse borrosa por culpa de una lluvia un poco traviesa que se negaba a reprimir sus ganas de salir a la calle. A modo de escudo, mis nervios ópticos ordenaron al cristalino que se acomodara enfocando un poco más allá, a lo lejos. Entre las nubes vislumbré un claro que iluminaba a otro corazón. Como un guerrero altruísta se iba abriendo paso con el optimismo de un día despejado que sólo parecía acompañarle a él. Sacó una frágil rosa envuelta en un frasco helado que le entregó al triste corazón. Sin ton ni son, la masa de vapor de agua que levitaba sobre él se esfumó dejando paso al abrigo del calor, derritiendo el hielo y devolviéndole la ansiada vitalidad a esa rosa, y a sí mismo también. Mi semblante repleto de asombro se duplicó cuando aquel filántropo me obsequió con el mismo presente. Una cuerda alrededor de la boquilla del recipiente, que ya refrescaba mis manos, sostenía una tarjeta donde se debaja leer un contundente 'SMILE'. - ¡Espere! - grité instintivamente. - ¿Quién es usted?
Le hice girarse 180º, pero su aspecto seguía sin perturbarse. Continuaba enseñando sus deslumbrantes dientes como si no supiera adoptar otro gesto.
- Soy el guardián del buen humor - me explicó-. Regalo 350g de nubes de algodón para ahuyentar a las de agua, 280g de corazones azucarados para endulzar el día, 200g de caramelos soleados capaces de transformar las gélidas noches en reconfortantes y cálidas sombras, 150g de un amplio surtido de sonrisas contagiosas, unos 80g más de saludables arrugas en un futuro relativamente lejano y una rosa azul que hace las veces de llave para nuevas oportunidades.

- No es posible. ¿Dónde está el truco?
Mi desconfianza tampoco crispó su abundante alegría, no debía ser la primera recelosa con la que se había topado en sus largas y agradables horas de trabajo.

- Sin trucos, no soy mago. Sólo tienes que asegurarte de que abres las puertas idóneas con tu nueva llave maestra.

Fueron sus últimas palabras antes de guiñarme uno de sus cristalinos ojos. Bajé la mirada para observar la delicada flor y, cuando me dispuse a elevarla de nuevo, no quedaba ni rastro del misterioso guardián en la transitada travesía.

3 comentarios:

  1. Que bonito!! Que importante es la sonrisa en nuestra vida. Que importante es llenar nuestras horas de optimismo y alegria. La llave maestra de nuestra felicidad esta guardada en nuestro interior y la mayoria de las personas nunca llegan a encontrarla. Yo quiero abrir las puertas a la vida, al optimismo y deshacermer de todo lo malo, de todos mis miedos. La vida es muy corta y hay que disfrutar cada segundo de ella.

    un abrazo!

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  2. Gracias por tu recomendación. Estoy en los últimos capítulos de Cougar Town y necesito nuevas ideas. Si te gusto Friends, te recomiendo "Como conocí a vuestra madre" tiene cierta similitud. Está muy bien ;)

    un beso!!

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  3. que bonito!!
    me encanta ese conjunto de palabras "nuevas oportunidades" suena tan positivo que hasta me hace sonreir :)
    parece que no te veo hace siglos ¡esto no puede ser! U.U

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